lunes, 17 de abril de 2023

Génesis de la hermandad provincial de Alava y la cofradia de Arriaga

     



La Crónica de Alfonso III, escrita a fines del siglo IX, constituye el bautismo historiográfico del espacio cántabro-vascongado. En la misma aparece por vez primera el topónimo Alava, cuando tras referirse a las campañas que Alfonso I de Asturias realiza a mediados del siglo VIII, precisa que:

«en aquel tiempo fueron pobladas las Asturias, las Primorias -zona de Cangas de Onis-, Liébana, Transmiera, Sopuerta, Carranza, Vardulias, que ahora es llamada Castilla…, Alava, Vizcaya, Alaón -¿Ayala?- y Orduña fueron siempre poseídas por los suyos».

El breve texto cronístico es susceptible, al menos, de una doble interpretación. El territorio de Alava, como los de Vizcaya, Ayala y Orduña, por un lado, no serían repoblados por Alfonso I, como había hecho este monarca en otras zonas del reino astur. Por otro, puede entenderse que tales territorios no habrían sido dominados por los musulmanes, permaneciendo siempre controlados por la población indígena, aunque ello no impidió que el territorio alavés se viera afectado durante los siglos VIII y IX por numerosas razias enviadas por los emires de Córdoba. Durante estos dos siglos el topónimo Alava puede identificarse, según J.A. García de Cortázar, con las tierras de la Llanada, concretamente al norte y este de Vitoria, coincidiendo, aproximadamente, con la mitad oriental de la denominada «Alava nuclear», según aparece descrita en el documento conocido como la «Reja de San Millán», de 1025, y que, con pequeñas modificaciones, viene a coincidir con los límites que un documento de 1258 especifica para la Cofradía de Arriaga. A esta Alava nuclear se iría sumando una Alava periférico, constituida por la Tierra de Ayala; la situada al oeste del río Bayas; Treviño y La Rioja alavesa.

 

Durante la alta y plena Edad Media, la falta de fuentes documentales dificulta extraordinariamente el conocimiento de cómo fue la organización política de la sociedad alavesa, inserta sucesivamente en las formaciones políticas superiores que irán surgiendo en los territorios que la rodeaban, es decir, el reino astur, Navarra y Castilla. A lo largo de los siglos VIII y IX las tierras de la Castilla originaria, al norte de Burgos, y las alavesas constituyeron la gran marca oriental del reino astur, que hizo frente a los reiterados ataques lanzados por los musulmanes del sur peninsular o del valle del Ebro. Hay que destacar que esta actividad militar contribuirá a la maduración política de ambos territorios, que desde la segunda mitad del siglo IX aparecen gobernados por jefes indígenas que reciben el título de condes, vinculados al reino astur.

 

Desde principios del siglo X el territorio alavés quedó definitivamente en la retaguardia de la frontera cristiano-musulmana, a salvo tanto de los ataques de los emires cordobeses como de la poderosa familia de los Banu Qasi, sólidamente establecida en La Rioja.

 

A lo largo del siglo X son muy patentes en Alava las influencias de Castilla y de Navarra. Se conocen los nombres de tres condes alaveses: Munio Vélaz en el año 919, probablemente miembro de una familia autóctono; Alvaro Herremálliz en el 931, bien relacionado con la corte del rey navarro Jimeno Garcés, y, por último, Fernán González (932-970), que lo era también de Castilla y estuvo casado en dos ocasiones con infantas navarras, a través de las cuales llegarían influencias de esa procedencia tanto a Castilla como a Alava, que se irán intensificando en el último tercio del siglo X y principios del XI. El último conde soberano de Castilla, García Sánchez (1017-1029), dada su edad, estuvo bajo la regencia y tutoría de Sancho III el Mayor de Navarra, que era cuñado suyo. A partir de 1024 la documentación presenta a Sancho III reinando en Sobrarbe, Ribagorza, Aragón, Pamplona, Nájera, Alava y Castilla. La trágica muerte de García Sánchez en León (1029) no hará más que consolidar la posición de Sancho el Mayor en uno de los dos últimos territorios.

 

Bajo soberanía navarra tenemos al frente del gobierno de Alava a Munio González, entre 1030 y 1043, que tiene título de conde, del que carece su sucesor Fortún Iñíguez. La tenencia de éste sobre Alava es muy breve, pues en 1045 figura al frente de la misma el conde Munio Muñoz, probablemente muerto en 1054 luchando en la batalla de Atapuerca. Posteriormente destaca al frente del gobierno de Alava el conde Alvaro Díaz, conocido también como Domno Marcelo, con el que concluye, temporalmente, la soberanía navarra sobre Alava. En 1076, en efecto, Sancho IV de Navarra fue asesinado en Peñalén. La grave crisis en el reino navarro fue aprovechada por Alfonso VI de Castilla, que incorporó a su reino La Rioja y parte de Navarra, Vizcaya y Alava, y por el monarca aragonés Sancho Ramírez, que se apoderó del resto del reino navarro.

 

En 1134 se produjo la restauración del reino de Navarra en la persona de García Ramírez (1134-1150), que tratará de dar al reino las fronteras que había alcanzado a la muerte de Sancho III el Mayor. En los últimos años de su reinado, García Ramírez se titula rey de Pamplona, Alava, Vizcaya y Guipúzcoa, correspondiendo la tenencia de estos tres últimos territorios al magnate navarro don Ladrón, que tenía título de conde. Un hijo de este, Vela Ladrón, figura como conde de Alava en 1158.

 

Los difíciles años de la minoría de Alfonso VIII de Castilla serán aprovechados por Sancho VI de Navarra, sucesor de García Ramírez, para extender por el oeste la frontera de su reino. Esta no quedó estabilizado hasta 1179 en que ambos monarcas firmaron un tratado que establecía la frontera entre Castilla y Navarra a lo largo de una línea que desde el Cantábrico, siguiendo el curso del Deva, dejaba Iciar y Durango para Navarra y el castillo de Malvecín para Castilla; avanzaba siguiendo el curso del Bayas, siendo Zubarrutia y Badaya para Navarra y Morillas para Castilla; a partir de Nanclares de la Oca la frontera seguía el curso del Zadorra hasta el Ebro. Como consecuencia del tratado quedó afianzada la soberanía navarra «in tota Alava».

 

A partir de 1179 también quedó eclipsada del gobierno condal de Alava la familia Ladrón, pues en dicho año Sancho VI prescindió de los servicios de Juan Vélaz, hijo de Vela Ladrón, en la tenencia alavesa. Desde este momento se constata la fragmentación del territorio alavés en varias tenencias, cuyos titulares son renovados con frecuencia. Con ello, Sancho VI trataba de imponer en dicho territorio el régimen de honores y tenencias propio del reino de Navarra. La documentación de los últimos años del reinado de Sancho VI permite comprobar la pluralidad de tenencias y la movilidad de sus titulares. Desde 1181, Alava y Guipúzcoa forman una tenencia conjunta, dirigida desde Aitzorroz, en la que se sucedieron cuatro señores: Diego López, en 1181-1182; lñigo de Oriz, en 1184-1188; Pedro Ladrón, en 1194, y Lope Sánchez, en 1195. Otras tenencias alavesas son Treviño, de la que es titular Alvaro Muñoz el Viejo, 1181-1187; Portilla, sucesivamente en manos de García Pérez de Morieta, 1183-1194, Gómez Martínez, 1194-1196, y Martín Ruiz, 1198; Buradón y Antoilana, en las que en 1181 está el mismo Gómez Martínez; Laguardia, ocupada por Martín Iñíguez en 1193 y Gonzalo Baztán en 1198; Záltegui, en poder de Furtado de Alava, 1192-1198, e lñigo López de Mendoza, 1194-1196, y Arlucea, a cuyo frente estarán Miguel de Lerat en 1187, Pedro Ladrón, 1189-1194, Lope Sánchez en 1194 y García Baztán en 1195. Vitoria constituyó también una tenencia, a cuyo frente estuvo Pedro Ramírez desde 1184 hasta, probablemente, la rendición de la misma por Alfonso VIII en 1200.

 

Sancho VI había reorganizado políticamente el espacio alavés, pero, además, con el fin de asegurar su defensa, procedió a la fundación de una serie de villas, como Laguardia, Vitoria, Antoñana, Bernedo y La Puebla de Arganzón. La última fundación navarra fue Labraza, hecha ya por Sancho VII el Fuerte. Este fortalecimiento de la presencia navarra en tierras alavesas fue efímero, y la reacción de Alfonso VIII de Castilla se produjo entre 1199 y 1200. En el otoño del primer año el monarca castellano, que había negociado previamente con los nobles alaveses y guipuzcoanos, descontentos con la política de los reyes navarros de fortalecimiento del realengo y de fundación de villas, se había apoderado prácticamente de Alava y Guipúzcoa y tan sólo Vitoria continuaría resistiendo hasta que concluyó su rendición en los primeros días de enero de 1200. De toda la tierra alavesa, sólo Laguardia y su comarca continuaron bajo señorío navarro.

 

 

 

La incorporación de Alava a Castilla fue definitiva y tan sólo se produjo una transitoria modificación de la situación como consecuencia de la guerra civil entre Pedro I de Castilla y Enrique de Trastámara. Aprovechando esta circunstancia, Carlos II de Navarra lanzó en 1368 una ofensiva, apoderándose por la fuerza de varias plazas castellanas: Vitoria, Salvatierra, Contrasta, Santa Cruz de Campezo y la fortaleza de Alegría, en Alava; Rentería y Villafranca, en Guipúzcoa; y Logroño y Agoncillo, en La Rioja. Pero la soberanía castellana sobre tales posiciones fue restaurada en 1373, según sentencia dictada por el cardenal Guido de Bolonia.

 

En el siglo XIII Alava ha adquirido ya prácticamente su perfil territorial definitivo, salvo algunas modificaciones posteriores que afectan a reducidos espacios y que culminan en el siglo XVI. Para el primero de estos siglos la percepción del territorio alavés nos ofrece dos conjuntos netamente diferenciados desde el punto de vista de la organización Política: las villas y la Cofradía de Arriaga.

 

El Mundo Urbano Alavés.

 

El proceso de fundación de villas o de urbanización del territorio alavés se inició en 1140 cuando Alfonso VII el Emperador concedió fuero a Salinas de Añana. Las iniciativas para la fundación de las villas partirán de los reyes de Castilla y de Navarra, de acuerdo con las alternativas en la titularidad de la soberanía política. La creación de los nuevos villazgos, que concluyó en 1338 con la fundación de Monreal de Zuya, responde a causas muy variadas, aunque no todas tienen por qué darse en cada caso concreto. Entre ellas podemos señalar las necesidades de carácter defensivo y de fortalecimiento de las fronteras, el afianzamiento del realengo, el incremento de las rentas reales derivado de la concesión de fuero a un lugar, el desarrollo de los intercambios y de las rutas comerciales, la defensa de la población rural amenazada por la presión señorial, etc.

A partir de la segunda mitad del siglo XII, como consecuencia del proceso de fundación de villas, se produjo una importante reordenación del espacio alavés, que se corresponde con una diversificación de las actividades económicas, pues a la agricultura, que seguirá siendo, no obstante, la dominante, se añadirán otras nuevas propias del mundo urbano, comercio, artesonado, servicios, etc., y con una ampliación del espectro social, al surgir las clases urbanas, cuya estructura conocemos bien gracias a los estudios hechos en los últimos años sobre Vitoria, Laguardia y Salvatierra.

 

Hasta 1332, año en que se disolvió la Cofradía de Arriaga, habían sido fundadas en Alava 18 villas reales, es decir, Salinas de Añana (1 1 140), Laguardia (1 164), Vitoria (1 18 l), Antoñana (1 182), La Puebla de Arganzón (1 19 l), Labraza (1 196), Labastida (1 242), Corres (1256), Santa Cruz de Campezo (1256), Salvatierra (1256), Salinillas de Buradón (ante 1264), Arceniega (1272), Contrasta (12521284), Peñacerrada (ante 1295), Berantevilla (1299) y San Vicente de Arana (1312-1319). Todas ellas habían sido fundadas en el realengo, a excepción de dos, Vitoria y Salvatierra, que lo fueron en el territorio dominado por la Cofradía de Arriaga. La concesión por el monarca de fuero a un lugar, o lo que es lo mismo, el privilegio de «villazgo», suponía una transformación político-administrativa de enorme importancia. Los pobladores de la villa recibían un estatuto jurídico propio, el contenido en el fuero, lo que marca ya un neto contraste con la población rural circundante, y que les permite su propio autogobierno, al asumir competencias judiciales y administrativas similares a las que los oficiales reales, es decir, tenentes, merinos, justicias, etc., ejercían en los territorios no constituidos en villazgos.

 

De 1332 a 1338 se completará la urbanización de Alava. Entre dichos años Alfonso XI fundará las últimas villas medievales alavesas, es decir, Villarreal (1333), Alegría (1337), Elburgo (1337) y Monreal de Zuya (1338), todas ellas en el antiguo territorio que había pertenecido a la Cofradía de Arriaga.

  

Cofradía y Juntas de Arriaga.

 

La Cofradía de Alava o Cofradía de Arriaga, por el lugar donde se reunían sus juntas, constituye uno de los temas de la historia medieval alavesa que más interés ha suscitado, aureolado frecuentemente con una cierta polémica. Algunos estudios recientes, como los de G. Martínez Diez, M. Portilla, M. Lópezlbor, R. Díaz de Durana, etc., aunque desde planteamientos diferentes, han permitido una más rigurosa interpretación de la Cofradía, desde sus remotos e imprecisos orígenes hasta su desaparición en 1332.

 

El primer testimonio documental referente a la Cofradía de Alava es de 1258. El hecho de que para esta fecha se nos muestre con unos perfiles netamente definidos permite pensar razonablemente en unos orígenes bastante anteriores, que la carencia de documentación no permite precisar pero que están estrechamente relacionados tanto con la dinámica reconquistadora como con el proceso de feudalización de la sociedad alavesa. En la segunda mitad del siglo XI algunas informaciones documentales permiten pensar en la existencia de unos seniores o barones de Alabacon capacidad para ejercer en exclusiva determinadas acciones jurídicas en un territorio concreto, al este del Bayas y al norte del Ebro. En la segunda mitad del siglo XII, los antiguos barones o milites alavenses han fortalecido considerablemente su protagonismo social y político, beneficiándose del ambiente belicoso que caracteriza las relaciones de Alfonso VIII de Castilla con los monarcas navarros Sancho VI y Sancho VII. Para entonces se han configurado en Alava, como ha destacado J.A. García de Cortázar, dos espacios netamente diferenciados: uno de realengo y otro de señorío. El primero comprendería el territorio al oeste del Bayas y al sur de los montes de Vitoria; y el segundo, la Llanada y sus bordes montañosos, aproximadamente hasta las fronteras actuales de Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra, coincidiendo con la denominada Alava nuclear sobre la que los sentar alaveses ejercían su señorío colectivo.

 

En los siglos XIII y XIV, a través de algunos relatos cronísticos y de unos pocos documentos, la Cofradía de Arriaga aparece bien caracterizada. Desde el punto de vista institucional se trata de un señorío jurisdiccional, en este sentido de naturaleza muy similar a los señoríos de Vizcaya, Ayala y Oñate, cuyo ámbito territorial coincidía con el conjunto de los solares y propiedades de los hidalgos alaveses. El principal elemento diferenciador era el carácter electivo del señor por los propios hidalgos, según lo expresa la Crónica de Alfonso XI:

«Et a las veces tomaban por Señor algunos de los fijos de los Reyes; et a las veces al Señor de Vizcaya; et a las veces al de Lara; et a las veces al Señor de los Cameros».

 

El territorio de la Cofradía siempre fue solariego, en el sentido de que era un señor, distinto del rey, quien ejercía la titularidad del señorío y así sucedió bajo la soberanía navarra como bajo la castellana, después de 1200. No obstante, la suprema titularidad o soberanía política correspondió, primero, a los reyes de Navarra y, después, a los de Castilla.

 

El señor elegido por los miembros de la Cofradía administraba justicia en el territorio, bien personalmente o a través de los merinos y alcaldes nombrados por él y que actuaban en las merindades o distritos en que se dividía la Cofradía. En reconocimiento de su señorío percibía de los labradores y collazos el llamado «pecho forero», es decir, el «semoio» y el «buey de marzo». El señor de la Cofradía era el responsable de la defensa y seguridad del territorio, manteniendo las tenencias de los castillos y convocando a las mesnadas si era necesario. El territorio de la Cofradía tenía un ordenamiento jurídico propio, no escrito, basado en el uso y la costumbre. Tales eran, en esencia, las características del «señorío apartado» que la Cofradía ejercía en su territorio.

 

El rey, por otro lado, además de conservar la titularidad política superior o Señorío Real, tenía unos derechos propios de carácter pecuniario sobre los labradores y collazos de los cofrades, según se desprende del convenio de 1258 entre Vitoria y la Cofradía. Se trata de los «pechos reales», distintos del «pecho forero» que pagaban al señor de la Cofradía. Además, con anterioridad a 1332, y así se señala también en el documento de 1258, el rey tenía en tierra alavesa algunos heredamientos como cualquier otro miembro de la Cofradía.

 

La Cofradía reunía sus Juntas en Arriaga, lugar muy próximo a Vitoria, en el que modernamente se ha levantado una ermita dedicada a San Juan, que evoca aquellas juntas medievales. Se desconoce la periodicidad de las mismas y cuándo empezaron a reunirse, pues sólo están documentadas a partir de 1258. Ya por entonces se recuerda que las juntas se seguirían haciendo en Arriaga, «assí commo se suelen fazer», a pesar de que dicho lugar pasaba a integrarse dicho año en la jurisdicción territorial de Vitoria. Este carácter inmemorial de las juntas de Arriaga nos es recordado también por el testimonio del obispo de Calahorra y cofrade alavés, don Juan Rodríguez de Rojas, quien manifiesta a Alfonso XI, poco antes de disolverse la Cofradía, como «todos los Fijos dalgo et Labradores de Alava están apuntados en el campo de Arriaga, que es logar do ellos acostumbran fazer junta desde siempre acá».

Las Juntas tenían el carácter de una asamblea o tribunal judicial superior, presidido por el señor de la Cofradía, ante el que se verían los pleitos no resueltos por merinos y alcaldes. Su competencia alcanzaba a todos los miembros de la Cofradía y a sus vasallos, así como a aquellos que sin ser naturales de Alava delinquieran en su territorio. Las juntas de Arriaga, en las que recaía también la capacidad de elegir al señor de la Cofradía, vienen a ser la expresión de una cierta capacidad de autogobierno que tuvo una parte de Alava durante la Edad Media, hasta 1332, compatible con el reconocimiento del monarca castellano como Señor superior.

 

Un aspecto sobre el que han incidido la mayor parte de los autores es el carácter nobiliario de la Cofradía de Alava, como se constata con la simple lectura de los nombres de los cofrades. El panorama que presentan los mismos hacia 1332 ha sido estudiado por M. Portilla y se puede comprobar cómo algunos apellidos, entre los que destacan Rojas, Mendoza, Hurtado de Mendoza, Guevara, Ayala, Velasco, etc., se situarán pocos años más tarde entre los linajes más ilustres y poderosos de la nobleza trastamarista. Labradores y collazos formaban también parte de la Cofradía, pero en relación de subordinación y dependencia hacia los infanzones e hidalgos rurales, a quienes han de pagar ciertos derechos. En la práctica, aunque labradores y collazos formaban parte de la Cofradía y podían acudir a sus juntas, quienes ejercían el control absoluto de la misma eran los infanzones e hidalgos rurales, dentro de los que hay que destacar los «grandes cofrades», los apellidos de los cuales acabo de citar, y cuyo protagonismo político y poderío economice les ha convertido en la cúspide de la pirámide que refleja la feudalizada sociedad alavesa.

 

La trayectoria histórica de la Cofradía de Alava concluyó el 2 de abril de 1332, fecha en que se produjo lo que tradicionalmente se conoce como «Voluntanria entrega» o «Pacto de Arriaga», es decir, la autodisolución de la Cofradía y la entrada en el realengo castellano de su territorio. En la interpretación de este hecho ha sido G. Martínez Diez quien más ha enfatizado, aunque no haya sido el único, en el enfrentamiento existente entre las villas y los cofrades alaveses, señalándolo como la razón fundamental que empuja a éstos a la autodisolución. Pero el enfrentamiento no es con todas la villas, sino sólo con Vitoria y Salvatierra, las dos únicas que habían sido fundadas en territorio de la Cofradía, y que disputarán con ésta la jurisdicción sobre las aldeas que van incorporando a su alfoz. Sin negar importancia a este enfrentamiento, que tiene su primer hito en la concordia de 1258, merced a la cual dieciséis aldeas pertenecientes a la Cofradía fueron repartidas entre Vitoria y Salvatierra, me parece sumamente sugerente la hipótesis explicativa que ha hecho recientemente R. Díaz de Durana, en línea con otras aportaciones de J. Valdeón y E. Pastor Díaz de Garayo. Para Díaz de Durana el «Acta de Arriaga», como denomina al documento que supone el paso al realengo de las tierras de la Cofradía en 1332, no puede entenderse al margen de las dificultades que desde la segunda mitad del siglo XIII afectaron a la nobleza alavesa, dentro del marco general de la denominada crisis del feudalismo, y de los esfuerzos que la propia clase señorial hizo para poner freno a la caída de sus rentas, provocada por una inversión de las condiciones favorables que en los siglos XI a XIII habían estimulado el crecimiento constante de las mismas. Es decir, a través de la disolución de la Cofradía de Arriaga y la entrada de su territorio en el realengo, los hidalgos alaveses consiguieron de Alfonso XI que confirmara su estatuto jurídico privilegiado. Lograron también fijar los campesinos a la tierra, impidiendo el éxodo de los mismos desde las aldeas de la Cofradía a los lugares de realengo y especialmente a las villas, y, por último, se aseguraron el control del aprovechamiento de los montes, que, dada su revalorización en el siglo XIV, se convertiría en una saneada fuente de ingresos. En resumen, la disolución de la Cofradía de Arriaga no supuso la claudicación de la nobleza alavesa, sino la premisa previa para captar la benevolencia del monarca para conseguir del mismo las favorables contrapartidas ya señaladas, que permitirán el inmediato fortalecimiento de los «grandes cofrades» que de alguna manera controlaban la Cofradía.

 

El Acta de Arriaga precisa cómo los cofrades otorgaron a Alfonso Xl «la tierra de Alaua que ouiéssemos ende el sennorío e fuesse regalenga e la pusieron en la corona de los nuestros regnos e para nos e para los que regnassen despues de nos en Castiella e en León. Et renunciaron e se partieron de nunca auer confradia nin ayuntamiento en el campo de Arrt’aga nin en otro logar ninguno a voz de confradía nl’n que se llamen confrades. Et renunciaron fuero e uso e costumbre que auían en esta razón para agora e para siempre jamás».

La definitiva desaparición de la Cofradía y de su principal instrumento de gobierno, las juntas de Arriaga, no fue un acto estéril, al menos para los grandes señores de la Cofradía que vieron fortalecida su posición al frente del conjunto de la sociedad alavesa. En concreto, y desde otro punto de vista, para M. Portilla el Acta de 1332 constituyó «la raíz de muchas peculiaridades y libertades de nuestra tierra alavesa». Siguiendo una línea que enlaza con las posiciones «pactistas» sostenidas por J.J. de Landázuri a fines del siglo XVIII, G. Monreal Zía ha destacado cómo la Cofradía ha sido el «factor que da continuidad y cohesión política al territorio» y tras su desaparición en 1332 se convertiría en una especie de «componente mítico» del pensamiento político alavés. Como contrapunto no está de más recordar también algunos datos objetivos. Como ya he dicho, a partir de la primavera de 1332, Alava se había integrado plenamente en el realengo castellano. Alfonso XI se reservó para sí la administración de la justicia en el territorio, para lo cual nombraría alcaldes que fuesen hidalgos y alaveses, y el derecho a percibir el «pecho forero» que antes recibía el señor de la Cofradía. En todo el territorio alavés fue sustituido el derecho consuetudinario, no escrito, por el Fuero Real o Fuero de las Leyes. Desde el punto de vista políticoadministrativo, Alava pasó a formar parte de la merindad de Allende Ebro, dentro de la Merindad Mayor de Castilla.


 

Las juntas de Arriaga, aunque sí las más importantes y de mayor significación histórica, no fueron las únicas que tuvieron lugar en el escenario alavés. M. Portilla, en varios de sus trabajos, se ha referido a muchas de estas juntas comarcales o de concejos próximos, regidas por la costumbre y de las que apenas se ha conservado documentación escrita, al menos referente al período medieval. En tales juntas, fundamentalmente, se trataba de resolver los problemas relacionados con la utilización de los montes y pastos comunes. Cabe destacar, por ejemplo, la junta de Ruzábal, integrada por los concejos de Belandia, Lendoño de Abajo, Lendoño de Arriba y Mendeica; la junta de Ordunte, de la que formaban parte Sojoguti, Retes de Tudela, Santa Coloma y Mendieta; la junta de Armuru, que agrupaba los concejos de Amurrio, Larrimbe, Saracho, Echegoyen y Olábezar; en Santo Tomás de Amondo, ermita de Lezama, reunían sus juntas los concejos de Lecamaña, Lezama, Astóbiza y Barambio; juntas de Arrastaria, de Murguía, de Valdegobía, etc.

 

Dentro del elenco de estas juntas, que podemos denominar menores por su escaso alcance territorial, destacan las que tenían lugar desde tiempo inmemorial en el «Campo de Saraube», próximo a Amurrio, y que servían para el gobierno de la Tierra de Ayala. Con anterioridad a 1373 el territorio ayalés se regía por un fuero consuetudinario y de albedrío, no escrito, como se pone de relieve en el Proemio del fuero que en dicho año otorgó Fernán Pérez de Ayala:

«Por quanto la tierra e señorío de Ayala es antiguo, ca el señor la pobló e la aforó de los fueros que le paresció por los quales siempre se governaron sin haver apelación para ante los Reyes de Castilla, nin hay escrivano, nin demanda por escrito, salvo que si el señor entendiera que en algunas cosas non hay buen fuero, el señor, ayuntada la tierra toda, e los cinco alcaldes puedan emendar los dichos fueros e tirar un fuero e poner otro, e los alcaldes escogerlos la tierra e confirmarlos el señor, si ve que son pertenecientes».

El fuero escrito de 1373 consta de 95 capítulos, de los que 15 están literalmente inspirados en el Fuero Real, recopilando los 80 restantes el derecho consuetudinario de la Tierra de Ayala.

 

Las juntas de Saraube, que siguieron reuniéndose hasta 1841, eran presididas por los señores de Ayala o por sus delegados y en ellas se elegían los oficiales encargados del gobierno del territorio, que luego juraban su cargo en la iglesia de Santa María de Respaldiza. La Tierra de Ayala estaba dividida, desde el punto de vista administrativo, en cinco cuadrillas -Lezama, Amurrio, La Sopeña, Llanteno y Oquendo-, cada una de las cuales tenía su alcalde:

«Que el señor estando en la Confradía ayuntada en Saraube, e la dicha Confradía con el señor, que pongan cinco alcaldes hombres fijos dalgo, e que sea el uno de ellos e alcalde mayor, el abad de Que] . ana, e que esta alcaldia que le non pueda ser tirada en su vida, salvo si el alcalde ficiere cosa porque el señor e la junta, estando apuntados en Saraube, fallaren que fizo cosa porque la meresció perder».

 


Señoríos y Hermandades

 

A pesar de la existencia en la etapa medieval de una apreciable «tradición juntera» en el territorio alavés no es posible establecer continuidad alguna de la misma con el proceso que lleva, en la segunda mitad del siglo XV, al nacimiento de las Juntas Generales de Alava, que constituyen la máxima expresión política y representativa de la Hermandad Provincial de Alava. A partir de 1332 la práctica totalidad del territorio alavés estaba integrada en el realengo castellano, con la excepción de Laguardia, Labraza y Bernedo, que seguían bajo soberanía navarra. En la segunda mitad del siglo XIV, como ha puesto de relieve G. Martínez Diez, se pusieron en marcha dos procesos simultáneos, aunque de signo contrario: uno desintegrador del realengo en múltiples señoríos particulares y otro aglutinador de villas, señoríos y territorios realengos, que, tras algunos intentos fallidos, terminará por cuajar en la creación de una Hermandad Provincial y, en consecuencia, de las Juntas Generales de Alava.

 

En 1332 los cofrades de Alava habían conseguido de Alfonso XI la promesa de que el territorio cedido entonces al realengo nunca seria enajenado del mismo:

«que non diéssemos la dicha tierra de Alava nin la enagenássemos a ninguna villa nin a otro ninguno mas que finque para siempre real et en la Corona de los nuestros regnos de Castiella et de León».

Durante más de treinta años esta situación se mantuvo invariable, con las solas excepciones de Hueto Arriba y Hueto Abajo, que Alfonso XI entregó a Juan Hurtado de Mendoza, y los señoríos que Pedro I dio a Pedro González de Mendoza -Domaiquia y Aríñez- y a Fernán Pérez de Ayala -valle de Cuartango-. En 1366, al dar comienzo la guerra civil que enfrentará a Pedro I con su hermanastro Enrique de Trastámara, puede afirmarse que prácticamente toda Alava seguía siendo realenga, con las excepciones apuntadas y las de Mendoza-Mendívil, que correspondía al señorío de los Hurtado de Mendoza; Guevara, que pertenecía al linaje de su nombre; el valle de Valderejo, hasta 1379 perteneciente a los señores de Vizcaya, y el señorío de los Ayala. En 1389, al imponerse Enrique de Trastámar-a y conseguir el trono castellano, disecará una política, fielmente seguida por sus sucesores, de amplias concesiones a los nobles que habían colaborado en su triunfo. Se trata de las famosas «mercedes enriquenas», que darán lugar a un impresionante proceso de señorialización de Castilla, a través del cual la nobleza hará frente a la crisis del feudalismo, restaurará sus rentas y afianzará su posición hegemónico como clase social. El caso alavés se ajusta perfectamente a esta interpretación global.

 

En efecto, los linajes de los Ayala, Mendoza, Hurtado de Mendoza, Rojas, Manrique, Gaona, Abendaño, etc., que fueron en su día «grandes cofrades», se integrarán en la primera fila de la denominada por S. de Molxó «nobleza nueva», acaparando títulos nobiliarios, señoríos y una enorme influencia en la Corte de Castilla, donde desempeñan cargos muy importantes. Dichos linajes, en la segunda mitad del siglo XIV, fundamentalmente, recibieron numerosos señoríos en tierras alavesas, de tal forma que, al culminar la Edad Media, toda Alava, con excepción de la jurisdicción de Vitoria, es decir, un 80% del territorio alavés, como ha destacado G. Martínez Diez, había vuelto a manos de la nobleza, es decir, se había reseñorializado. A través del ejercicio del 1 poder jurisdiccional al frente de sus señoríos, aunque no sólo mediante este expediente, la nobleza alavesa, pasajeramente eclipsada en los inmediatos años posteriores a 1332, pudo rehacer sus fuentes de ingresos y dar una respuesta positiva a la caída de sus rentas.

 

La participación de Alava en el que he denominado «movimiento hermandino» cuenta en la actualidad con una interesante bibliografía, aunque todavía insuficiente. Baste recordar, entre otras contribuciones, las de G. Martínez Diez, A. Alvarez de Morales, L.M. Diez de Salazar, A. Esteban Recio, J.L. de Orella o las mías propias. La hermandad, concebida como expresión de un movimiento asociativo e integrador de villas y lugares, constituye una institución de hondo arraigo en todo el territorio vasco, en el que se refleja con inusitada fuerza un fenómeno general característico de la historia bajomedieval de la Corona de Castilla. Estas alianzas concejales expresan una clara solidaridad entre los concejos o, acaso mejor, entre las oligarquías que los controlan, para la defensa de sus intereses y de su propia articulación en la estructura de poder feudal.

 

En la participación de Alava en el movimiento hermandino hay que distinguir dos etapas bien diferenciadas. El corte podemos establecerlo en los años iniciales de la segunda mitad del siglo XIV Durante la primera, Vitoria y otras villas alavesas participarán en las hermandades generales que desde fines del siglo XIII constituirán numerosos concejos castellanos. Tales hermandades surgieron en unos momentos de claro debilitamiento de la autoridad real, como consecuencia de la rebelión del infante don Sancho y de las minorías de Fernando IV y de Alfonso XI, y expresan una cierta toma de conciencia política por parte de los concejos, que se unen para garantizar sus fueros y privilegios. Las hermandades, al mismo tiempo, ponen en marcha ciertos mecanismos de defensa, con los que se trata de poner fin al desorden público, garantizar el ejercicio de la justicia y, sobre todo, acabar con los abusos o «malfetrías» de la nobleza feudal.

 

La primera hermandad concejil de carácter general fue firmada en Burgos, en 1282, por una treintena de concejos, de los que tres son alaveses: Vitoria, Salvatierra y Salinillas de Buradón. La formación de la misma se produjo durante la rebelión del infante Sancho contra su padre Alfonso X y se justifica por los «muchos desafueros e muchos dannos e muchas fuerças e muertes e presones e despechamientos in sser oydos e desonrras e otras muchas cosas sin guisa, que eran… contra ffuero e a grand danno de todos los reynos».

La duración de esta hermandad fue muy breve, pues fue suprimida por Sancho IV, siendo ya rey, en 1284.

 

Durante la minoría de Fernando IV, sucesor de Sancho IV, surgieron nuevas hermandades. En el verano de 1295 se formaron tres grandes hermandades, la de los concejos de Castilla, la de los de León y Galicia y la de los del arzobispado de Toledo y de la Extremadura castellana, que fueron confirmadas en las Cortes de Valladolid del mismo año. En la hermandad castellana participaron, según G. Martínez Diez, las siguientes villas alavesas: Salinas de Añana, Salinillas de Buradón, Treviño, Vitoria, La Puebla de Arganzon, Santa Cruz de Campezo, Labastida, Peñacerrada, Antoñana, Corres y Salvatierra.

 

En 1296 surgieron dos nuevas hermandades, la denominada «Hermandad de las villas de la marina de Castilla» y otra que fue suscrita en Haro. En la primera, Vitoria se unió con Santander, Laredo, Castro-Urdiales, Bermeo, Guetaria, San Sebastián y Fuenterrabía para la defensa, fundamentalmente, de sus intereses comerciales. En la segunda, junto a Miranda de Ebro, participan seis villas riojanas: Logroño, Nájera, Santo Domingo de la Calzada, Haro, Briones y Abalos, y once alavesas, las mismas que en 1295 se integraron en la hermandad general de los concejos de Castilla. Esta segunda hermandad fue creada para solucionar las deficiencias que se habían observado en el breve funcionamiento de la hermandad general y, al mismo tiempo, poner fin a las «muchas menguas e males e dannos e muertes de ommes e robos que auemos rrecebidos ssin rrasón e ssl’n derecho de algunos ommes de la tierra».

En definitiva, se trataba de proteger de malhechores la comarca comprendida entre Salvatierra, Logroño, Santo Domingo de la Calzada y Salinas de Añana.

 

En 1315, durante la minoría de Alfonso XI, fue suscrita en Burgos una importante hermandad general, integrado por un centenar de concejos de Castilla, León, Galicia, Toledo y Extremadura. Alava estuvo representada en ella por Vitoria, Treviño, Salinas de Añana, Salvatierra, Peñacerrada, Portilla de Ibda y Berantevilla. Cuando llegó a la mayoría de edad, Alfonso XI suprimió esta hermandad en las Cortes de Valladolid de 1325.

 

De cara a la formación de una hermandad provincial alavesa tienen mayor importancia que las citadas una serie de hermandades locales, documentadas desde fines del siglo XIII, sobre las que, no obstante, disponemos de escasa información. En 1293 se acordó una hermandad entre el concejo de Salvatierra y los de Eulate, Aranarache y el de las siete villas de Amescoa, situados en el camino que unía Salvatierra con Estella. El objetivo de la misma es conseguir que «todos seamos más defendidos et más anparados de muchos males et dannos que soltamos recibir vos et nos».

En abril del mismo año fue firmada una carta de hermandad entre Salvatierra y Contrasta y todos los concejos del valle de Arana. Se trata de defenderse de los daños y robos que realizan en la zona ricos hombres y otros señores y que debían afectar, fundamentalmente, a dueños de ganados y a comerciantes y mercaderes. Están también documentadas las hermandades de la Ribera y Lacozmonte, en 1347, o la hermandad de Aríñez y Cigoltia, en 1417. Se dispone de una mayor información de la hermandad de Eguílaz, cuyas juntas se reunían al menos una vez al año por la fiesta de San Miguel en la iglesia de San Millán de Ordoñana. Se conocen las ordenanzas de la hermandad, escritas en 1360, que han sido publicadas por L.M. Diez de Salazar. En dicho año se dice ya que las mismas son «ordenanzas antiguas», por lo que hay que suponer para la hermandad unos orígenes bastante anteriores. El ámbito territorial de la misma comprendía doce aldeas -Aspuru, Narvaja, Zuazo, Luzuriaga, Galarreta y Ordoñana, que formaban la cuadrilla «de abajo», y Albéniz, San Román, Eguílaz, VicuÑa, Munaín y Mezquía, que formaban la cuadrilla «de arriba»-, cada una de las cuales enviaba un diputado a las juntas de hermandad, que eran presididas por un Procurador General. Para pertenecer a la hermandad las ordenanzas precisan que había que ser vecino y morador de dichas aldeas y tener la condición de escudero hidalgo,

«de sangre e posesión… de buena vida, reputaçión e costunbres… que sean christianos biejos de sangre linpia, sin que sean jodíos nin moros».

La hermandad de Eguílaz era

«una de las qatorse hermandades que antiguamente fazían la provinçia de Alava»,

según reza en las ordenanzas de 1360. El número de hermandades locales no varió con posterioridad y en 1449 seguían siendo catorce.

 

A partir de la segunda mitad del siglo XIV, las llamadas «luchas banderizas» afectaron profundamente a la sociedad feudal vasca. El hecho coincide con una acentuación de la depresión general, que obligó a la clase señorial a utilizar los más variados procedimientos, incluso los de signo violento, entre los que el más típico, pero no el único, es el bandidaje, para hacer frente a la caída de las rentas señoriales. El incremento de la presión de la nobleza feudal produjo diversos tipos de respuestas populares: constitución de nuevas pueblas, revueltas antiseñoriales o, simplemente, huida del territorio o instalación en las villas. El instrumento, no obstante, de mayor eficacia en la lucha antiseñorial fueron las hermandades, con las que se pretendía mantener el orden público y acabar con el endémico bandidaje y los abusos de los poderosos. El proceso de formación de las hermandades vascas, paralelo en las tres provincias, hay que situarlo, por tanto, dentro del marco general de la crisis bajomedieval. Tampoco hay que olvidar que es reflejo de un fenómeno que afecta a la totalidad de la Corona de Castilla, a partir de los primeros años del reinado de Enrique II de Trastámara. ¿Cuál fue su incidencia en el territorio alavés?.

 

En los siglos XIV y XV la frontera de Alava y Guipúzcoa con el reino de Navarra fue especialmente conflictiva, hasta el punto de conocérsela con el expresivo nombre de «frontera de malhechores». A lo largo de la misma actuaban auténticas bandas de salteadores, en muchos casos al servicio de poderosos nobles, compuestas de navarros, guipuzcoanos y alaveses, cuyos refugios principales eran las sierras de Aralar y de Urbasa. Tales bandas actuaban indiscriminadamente, tanto en suelo navarro como castellano, siendo frecuentes los conflictos entre los respectivos reinos, provocados por su actividad. Con el fin de acabar con este tipo de actuaciones delictivas, y al socaire de la difícil situación en que se encontraba Pedro I de Castilla, a punto de perder definitivamente la guerra civil y la propia vida en Montiel, Carlos XI de Navarra, que ahora se titula también rey de Guipúzcoa y de Alava, tomó la iniciativa de formar una hermandad, en la que se integraban los concejos alaveses, guipuzcoanos y navarros que se veían más seriamente afectados por la actividad de los malhechores. El documento fundacional de la misma fue firmado en el convento de San Francisco de Vitoria, el 12 de marzo de 1369, siendo renovado seis años más tarde. La hermandad estaba dirigida contra todos aquellos que «anduvieren robando, forzando o quemando o matando o causando otros maleficios».

Las ordenanzas establecían penas muy severas para los delincuentes y un procedimiento procesal muy rápido. La hermandad podía movilizar un ejército de hasta 1820 hombres, que eran proporcionados por cada una de las villas participantes, según su población. Las de mayor contribución eran Vitoria y Salvatierra, con 150 y 100 hombres, respectivamente. Carlos II, al crear la hermandad, no actuó por la necesidad de asegurar el orden público en una zona fronteriza y de difícil orografía, se trataba también de disponer de un instrumento militar importante para asegurar el control navarro de las zonas que había conquistado poco antes en el reino castellano. En 1388, cuando ya Castilla había recuperado de nuevo sus antiguas fronteras, Juan I, hijo y sucesor de Enrique II, y Carlos II se entrevistaron en Calahorra, el 9 de febrero 5 y acordaron la entrega recíproca de todo malhechor de un reino que se refugiara en el otro, anulando el derecho de asilo de algunas villas, Alfaro en Castilla y Corella en Navarra, que ofrecían refugio a los malhechores.

 

Todas estas iniciativas reales, sin embargo, no parece que fueran suficientes para poner fin a los conflictos fronterizos y a la actividad de los malhechores. En 1412, Juan II de Castilla y Carlos III de Navarra ratificaron la prohibición de que ninguna persona pasara de un reino a otro para cometer delitos y si así sucediera el responsable sería «querellado a los alcaldes e jueces de la hermandad del reyno a do fue fecho el maleficio»,

quienes le procesarían y condenarían con el máximo rigor.

 

La Hermandad Provincial de Alava

 

A instancia de Vitoria, Treviño y Salvatierra fue creada una hermandad estrictamente alavesa, cuyas ordenanzas fueron aprobadas por Juan II en Valladolid, el 6 de febrero de 1417, tras introducir algunas modificaciones en la propuesta que habían presentado las tres villas. La creación de la hermandad se justifica porque

«en esas dichas villas e sus tierra e en las comarcas de ellas se habían cometido e perpretadodo muchos e enormes e grabes delitos, asi de noche como de dia, robando efurtando, e pediendo pan, vino e tomando viandas en poblado e en despoblado e desafiando asin razón e matando a los inocentes sin culpa».

Juan II de Castilla reconoció a la hermandad una cierta jurisdicción procesal y penal. Desde el punto de vista territorial, las ordenanzas establecen que:

«para bien gobernar e guardar la dicha Hermandat» era necesario que se integrasen en la misma La Puebla de Arganzón, Nanclares de la Oca, Ollávarre, la hermandad de Aríñez y de Cigoitia, Zuya, Ubarrundia, Villarreal de Alava, Eguílaz, Barrundia, Gamboa, Iruraiz, Arraya, Araya, Contrasta, Peñacerrada y

«los otros logares que son en comedio dellos».

Juan II dispuso que las tres villas fundadoras pudieran requerir a los mencionados lugares para entrar en la hermandad y en el caso de que rechazasen la oferta se les negaría cualquier ayuda para

«seguir los malhechores nin a facer sobre ello ninguna diligencia».

Los agentes ejecutivos de la hermandad, encargados de desempeñar la jurisdicción criminal de la misma, son los alcaldes de hermandad, que eran elegidos o nombrados por unos procuradores entre

«omes buenos llanos e abonados e comunes sin sospecha, tales que teman a Dios e al Rey e amen de facer justicia».

Existían también dos comisarios, cuya misión era la de

«veer e corregir a los alcaldes que fueren puestos en la dicha hermandat si non fecieren complimiento de derecho e de justicia a los querellosos en la manera que devieren».

Aunque no está regulado en las ordenanzas de 1417, la hermandad tenía también sus juntas Generales, a las que acudían los  «alcaldes, comisarios e procuradores de las çibdades, villas e logares de la Hermandad de Alava», según consta en las que tuvieron lugar en jócano, el 21 de noviembre de 1457.

 

En el siglo XV, como ha destacado R. Díaz de Durana, la conflictividad social en el territorio alavés conoció un gran auge. Estaba relacionada de manera especial con el incremento de la presión de los señores, tanto en las villas, donde tratan de controlar los órganos de gobierno, como en el mundo rural, donde son frecuentes el incremento de los tributos y censos tradicionales, la exigencia de «nuevas imposiciones» o las usurpaciones de los bienes comunales, expedientes todos ellos, por supuesto no los únicos, utilizados por la nobleza para incrementar sus rentas. El desmedido afán de los nobles por aumentar su patrimonio y sus rentas, en la búsqueda permanente de ese ideal que el banderizo Lope García de Salazar definió como quién valía más, les lleva también con frecuencia a violentos enfrentamientos internobiliarios, otra de las componentes más significativas de la lucha de bandos. Las gentes del común, campesinos y habitantes de las villas, reaccionaron contra los excesos nobiliarios a través de revueltas campesinas, movimientos antiseñoriales y poniendo en marcha las hermandades.

 

La hermandad de 1417 no parece que fuera capaz de poner orden en el territorio alavés y de acabar con la actividad de los malhechores feudales, como he escrito en otro lugar. Un claro testimonio de la ineficacia de la hermandad de 1417 nos lo ofrece la Crónica de Juan II, al referirse a la formación de ciertas banderas o facciones, que define como hermandades. Algunos autores identifican tales hermandades con la hermandad de 1417. Una valoración del carácter polisémico del vocablo hermandad y el propio contexto cronístico en que el mismo aparece invitan a pensar que tales hermandades populares están por completo al margen de la hermandad de 1417. Hay que destacar cómo dichas hermandades populares, de marcado signo antinobillario, trataban de ejercer, en definitiva, el papel que de suyo correspondía cumplir a la hermandad de 1417, pero que, en la práctica, no cumplía. Repasemos los datos cronísticos. En 1442 se constituyeron en Alava

«algunas hermandades de mucha gente popular, por causa del Conde de Castañeda y de Iñlgo Lopez de Mendoza, que eran entre sí diferentes y discordes, sobre ciertos vasallos de aquella tierra; pero no duraron mucho, y luego fueron amansadas y sosegadas».

Al año siguiente, estas mismas hermandades populares, contando con el beneplácito real,

«comenzaron a derribar algunas casas de caballeros, y hacer otras cosas no debidas, entre las cuales cercaron a Pedro López de Ayala… en una villa suya llamada Salvatierra».

En auxilio suyo vino su primo, el conde Pedro Fernández de Velasco, quien, al frente de numerosa hueste, levantó el asedio y realizó una dura represión:

«E como las hermandades que tenían cercado a Pedro López de Ayala supieron la venida del Conde, partiéronse dende, y el Conde los siguió e mató y prendió muchos dellos, e derríbales las casas e hízoles tan grandes daños, que ovieron bien la paga de su merescimiento; e asi las hermandades quedaron abatidas, que dende adelante no pudieron permanescer».

Evidentemente, las que no permanecieron fueron las hermandades populares, pero continuó existiendo la hermandad de 1417, aunque ineficaz para lograr sus objetivos. Así se constata en un informe del bachiller Juan Martínez de Alava, vecino de Vitoria, dirigido a Juan II, en el que se precisa cómo

«en la dicha çibdad e su jurisdiçión se ha cometido muchas muertes e malefiçlos e fechos perpectados e otros delictos» y que los «malechores e delinquentes quedan syn Pena»,

pues encuentran refugio seguro en los señoríos de los nobles de la comarca, con lo que evitaban ser juzgados ante los tribunales de Vitoria. En 1448, para acabar con esta situación, Juan II ordenó que los nobles no acogieran en sus casas y señoríos a los malhechores y que cuando fueran requeridos por los alcaldes y jueces de Vitoria se los entreguen para

«prozeder contra ellos efaser todo conplimiento de justiçia».

En 1449, Juan II trató de poner en funcionamiento una gran hermandad regional. El ámbito territorial de la misma comprendería Vizcaya, Guipúzcoa, Alava, norte de Burgos y parte de Cantabria y La Rioja. El objetivo a alcanzar era el mantenimiento de la paz y del orden, tratando de impedir que fueran

«fechas fuerças, ni robos, ni otros males, ni dapnos, ni desaguisados algunos syn rasón e syn derecho por persona ni personas algunas».

Sorprendentemente, y a pesar del requerimiento que le hizo Juan II, Vitoria se resistió a formar parte de esta hermandad,

«por miedo a ello, tras escusas non devidas e non acatando lo que cunple a servicio de Dios e mio e a esecución de la mi justicia e a bien de la cosa pública de mis reynos».

Durante el reinado de Juan II las hermandades tuvieron un extraordinario auge en toda la Corona de Castilla, actuando como instrumentos de lucha contra los abusos de la nobleza y para el mantenimiento del orden público, castigo de los malhechores y guarda de la justicia. En este contexto general hay que situar las hermandades de 1417 y de 1449. De esta segunda no ha quedado más información que los testimonios fundacionales y no debió llegar a consolidarse. En cuanto a la de 1417, hay que señalar su precaria existencia e ineficacia en el cumplimiento de sus objetivos, aunque no se puede negar que de alguna manera prepararla el camino a la definitiva hermandad provincial alavesa de 1458.

 

Al igual que Juan II, su hijo y sucesor, Enrique IV, favoreció también la creación de hermandades. En los primeros días de la primavera de 1457, Enrique IV, de paso para Guipúzcoa, recibiría en Vitoria puntual información sobre el funcionamiento de la hermandad de 1417 y de las deficiencias operativas de la misma. Es en este momento cuando se fraguará la idea, promovida por Enrique IV, de reorganizar dicha hermandad para mejorar su eficacia. El cuaderno de ordenanzas de la nueva hermandad fue elaborado por los

«procuradores de las dichas cibdades e villas e logares de tierra de Alava»

una vez examinado por el Consejo Real, y, fue aprobado por Enrique IV en Madrid, el 22 de marzo de 1458. En el preámbulo del documento se señala cómo en Alava se han seguido produciendo

«robos e fuerzas e quemas e muertes e feridas de omes e escesos e delitos e maleficios que… eran fechos e cometidos e se facían e cometían de cada día por algunas personas, malhechores, acotados e ensartados e lacayos e otras personas»,

por lo que Enrique IV ordenó hacer una

«Hermandad de las dichas cibdades e villas e logares de la dicha tierra de Alava e vecinos e moradores dellas para las cosas que cumple a mi servicio e a execución de la mi justicia e a pro e bien común e paz e sosiego de la dicha tierra de Alava».

Las ordenanzas de 1458 no destacan por su originalidad, pues son las mismas que las aprobadas en 1417 por Juan II, de las que se han suprimido en esta ocasión los artículos 17 y 34. Este hecho podemos interpretarlo en el sentido de que la hermandad de 1458 es una refundación o confirmación de la hermandad de 1417, no existiendo solución de continuidad entre las dos. Se trata de darle ahora un carácter permanente, con vocación de futuro:

« … quela dicha Hermandad de Alava que dee permanezca e non sea corrompida ni desatada … »

Insistiendo en ese punto, pero también para aumentar su eficacia en la lucha contra los malhechores, Enrique IV ordena

«a los alcaldes e procuradores e otros oficiales e otras personas qualesquier de las hermandades de Vizcaya e Guipúzcoa e las Encartaciones e de tierra de Mena, e a otros qualesquier mis corregidores e justicias… den todo el favor e ayuda que compliere e menester fuere para que la dicha hermandad sea guardada e conservada e para que no sea corrompida ni desfecha, e para las otras cosas complideras a mi servicio e a execución de la mi justicia».

La información que se ha conservado sobre los primeros años de funcionamiento de la hermandad de 1458 no es abundante. Procede del Archivo Municipal de Salvatierra y ha sido estudiada por L.M. Diez de Salazar y E. Pastor Díaz de Garayo. Se conocen las convocatorias de, al menos, cuatro juntas Generales: 23 de marzo de 1458, en el convento de San Francisco de Vitoria; 7 de marzo de 1461, en Caicedo de Yuso; 26 de noviembre de 1461, en Aránguiz, y 5 de mayo de 1462, de nuevo en el convento de San Francisco de Vitoria. Asunto principal tratado en las mismas fueron las diferencias entre Salvatierra y la hermandad de Eguílaz a propósito del nombramiento de alcaldes de hermandad, que la villa pretendía ejercer en exclusiva. Por otra parte, cabe constatar la escasa autoridad que tienen en estos momentos las Juntas Generales, sobre las que ejercen una clara influencia Vitoria y Salvatierra, y la poca eficacia de la hermandad en orden a la consecución de los fines para los que había sido creada.

 

La realista valoración de tan escasos resultados llevará a Enrique IV a nombrar una comisión constituida por cuatro miembros,

«los doctores Fernand Gonçalez de Toledo e Diego Martynez de Çamora e los licenciados Pero Alonso de Valdlvyelso e Juan García de Sancto Domingo»,

para que corrigiesen y reformasen

«las dichas hermandades de Alava con la cibdad de Bitoria e villas de Salvatierra e Miranda e Pancorvo e otras sus aderentes de la dicha hermandad».

La comisión recibió, el 4 de mayo de 1463, amplios poderes de Enrique IV, que siguió puntualmente su actuación, para redactar unas nuevas ordenanzas que regularan el funcionamiento de la hermandad. Tras diversas vicisitudes, la comisión se redujo a un solo miembro, el licenciado Pedro Alonso de Valdivielso, el cual presidió en Rivabellosa, los días 11 y 12 de octubre de 1463, una reunión con dieciséis procuradores de la hermandad, y Juan López de Letona, escribano fiel de la misma. Durante esos días se culminó la redacción de las nuevas ordenanzas de la hermandad -sesenta en total-, que se conocen como «Cuaderno de Leyes y Ordenanzas con que se gobierna la M.N. y M.L. Provincia de Alava», pues, en efecto, durante cuatro siglos han sido el núcleo fundamental de las leyes de la Provincia, al que durante ese tiempo se irán añadiendo las normas emanadas de las juntas Generales de la hermandad y otros nuevos privilegios otorgados por los monarcas.

 

La creación de la hermandad de 1463, o mejor, la redacción en ese año de las nuevas ordenanzas de la hermandad, constituye el término de llegada de un largo proceso gestado fundamentalmente a lo largo del siglo XV, cuando es mayor la inestabilidad social en Alava, aunque tiene unos antecedentes bastante más remotos. Las nuevas ordenanzas diseñan una nueva estructura de poder y organizativa muy distintas, con una mayor capacidad integradora que las que se reflejan en las viejas ordenanzas de 1417, reiteradas en 1458. En definitiva, estamos ante la creación de un poderoso instrumento que se supone eficaz para el logro de los objetivos para los que fue ideado, es decir, la represión de los malhechores, el mantenimiento del orden público y la defensa de la justicia. Su propio nacimiento va unido a la patente solidaridad de campesinos, artesanos y pequeña nobleza, ya habitara en aldeas o en villas, unidos para hacer frente a los abusos y al incremento de la presión señorial de los ricos hombres alaveses.

 

El ámbito territorial de acción de la hermandad, por otro lado, termina por consolidar el propio de la Provincia de Alava, cuyo perfil definitivo conocerá a fines del siglo XV y en la centuria siguiente sus últimas modificaciones.

 

Por último, las ordenanzas de 1463 establecen con rigor las reuniones, composición y atribuciones de las juntas Generales que constituían e órgano supremo de gobierno y jurisdicción de la hermandad y que generarán una actividad política y legislativa de suma importancia:

«Otrosy hordenamos e mandamos que se fagan doss juntas generales en cada año por la dicha hermandad; e que las dichas juntas se fagan una en la cibdad de Bitoria e la otra en el lugar donde se acordare en la dicha junta; e que assi se sigan las dichas juntas dende adelante donde por la dicha junta fuere hordenado, e que las dichas juntas no sefagan en otros lugares salvo sy causa justa oviere; e que la una de las dichas juntas se faga en cada un año primero día del mes de mayo, e la otra junta se faga dia de Sanct Martin del mes de noviembre, e que en las dichas juntas generales no estén en cada una de ellas más de quinze días»,

según reza en la ordenanza novena. En cuanto a la composición, la ordenanza undécima establece que

«los concejos e universidades que suelen e han de embiar procuradores a las dichas juntas, que embien un procurador o doss a las dichas juntas e no más, e que embíen por procuradores a las dichas juntas hombres buenos e de buenas famas e ydóneos e pertenescientes e hombres honrrados e ricos e abonados cada uno de ellos en quantya de quarenta ml’ll maravedís, e que sean hombres de buen desseo e abtoridad porquefagan e hordenen bien las cosas de la dicha junta. E que no embien a las dichasjuntasporprocuradores hombres que ayan sydo e sean malhechores, nin omes aficionados nin parciales a los caballeros e parientes mayores, nin ombres que tengan de librar en las dichas juntas cosas algunas por sy nin por otros, e que no trayan en almoneda la dicha procuración dizzendo quien yrzá por menos, segund que fasta aquí algunos han fecho, nin la pongan en renta salvo que embíen los que vieran que son ydonios e pertenescientes para ello». En cuanto a las atribuciones, la ordenanza décimoquinta precisa que

«las dichas juntas non fagan nin hordenen salvo las cosas tocantes a los casos de la dicha hermandad e a la esecución de la justipia e sobre aquellas cosas que pueden e deven según los quadernos de la dicha hermandad, e que sy otras cosas algunas fzzieren e hordenaren alliende de lo suso dicho que no valga nin sean obedescas nin cumplidas por la dicha hermandad»

Me ha parecido oportuno, para concluir, entresacar de las ordenanzas los tres textos anteriores, por cuanto constituyen los elementos claves que definen el nacimiento de las juntas Generales de Alava, aunque el análisis exhaustivo de los mismos y la valoración histórica de su contenido serán hechos en el capítulo siguiente







Cofradia de arriaga

Sancho García de Salcedo, señor de Ayala, alrededor de 1150

Diego Lopez de Salcedo 1279, Merino Mayor de Gipuzcoa

Juan Sanchez Marroquin de Salcedo 1322, prestamero de Vizcaya y merino en Guipúzcoa

Johan Sanchez de Salcedo 1321, Justiciero de Alava y Gipuzcoa

Johan Alfonso de Salcedo 1328, Justicia de Gipuzcoa

Juan Lopez de Salcedo, 1351, representante de Castro Urdiales

http://www.caballerosandantes.net/index.php?cid=37&page=7

 

Iñigo Ortiz de Salcedo, muerto en las Juntas de Abellaneda (1400 – 1500)

Juan Sánchez de Salzedo, Señor de Ayala

Berenguela Hurtado de Salzedo, casada con  Lope García de Salazar (1264-1350)

 

 
Casa de la Junta de Avellaneda


Línea de Salazar en la casa prebostal de Portugalete

http://www.caballerosandantes.net/index.php?cid=42&page=4

2° Lope García de Salazar y Calderón, señor de la casa de Salazar y Nograro, de la Cerca y de Aranguti cc. Berenguela de Agüero

Primogénito: Juan Sanchez de Salzedo y Salazar, con

Diego Lopez de Salcedo y Mendoza con

Diego Lopez de Salzedo cc Maria de Torres con

Hurtada de Salzedo y Torres cc Lope de Salazar y Butron (+- 1332)

3° Ochoa de Salazar y Salcedo, sucedió a la casa de Portugalete su Prebostía y demás honores y casó con D.ª María Díaz de Mena

 

 

Sancho de Salcedo, Libro XVI, Pág. 808 de Bienandanzas y Fortuna

Diego López de Salcedo, Justiciero en Álava y Guipúzcoa, pág. 809, 817 de Bienandanzas y Fortunas (Época que era Rey Don Alonso, en Burgos, este rey murió en Sevilla

Ver si es el mismo Diego López, señor de Vizcaya)

Diego López Bisabuelo de Don Lope Díaz, pág. 812, 816,Bienandanzas y Fortunas

Lope Furtado de Salzedo y Juan de Salzedo, desterrados los mayores de Guipúzcoa a tierras de moros en 1458 por el rey Don Enrique. Pág.939, Libro XVIII Bienandanzas y Fortunas

Averiguar a Lope Díaz el rubio, IX conde y Señor de Vizcaya, caso con la hija del Conde Don Arias de navarra, pág 973-974, Bienandanzas y Fortunas

 

Como tomaron el nombre los Señores de Salzedo (Bienandanza y Fortunas, pág. 992)

Muerto don Galindo Velázquez, dejo por heredero a Don García Galíndez  que fue cuarto señor de Ayala, y el primero de ellos tomo las armas en nombre de Salzedo, por que fue a morar a Salzedo y heredo aquel solar que viene de  aquel Conde don Rubio su abuelo, que eran dos salzes verdes en campo amarillo que así as traía aquel su abuelo.

Se caso con doña Alberca Sánchez  hija de don Sant García de Zurbano que era hija de Don García Sánchez, señor de Orozco, hijo del Conde Don Sancho, señor de Vizcaya  y tuvo tres hijos, Don Pero García, Don Sant García  y don García Tuerto de Vasurto.

Sant García llamado el cabezudo, caso con María Iñiguez de Piedrola, hija del Conde don Nuño, tuvo hijos en esta mujer a Don Furtado Sanz de Salzedo, Don Rodrigo Sanz de Salzedo, sin hijos y Doña maría Sanz de Salzedo que caso con Pero Velas de Guevara. Pág. 993

Aquí se puede ver la línea de Ayala

 

 

 

Titulo del solar y linaje de los Zamudianos  Zamudio  y e Salzedo e donde sucedieron  e sucede (pág 1034, Bienandanza y Fortunas)

Fortud Galindez de Zamudio casó con Doña Maria Ortiz hija de Don García Tuerto de Basurta y tuvo a Ochoa Ortiz de Zamudio  y a Ordoño de Zamudio y a Fortud Sanchez de Zamudio y a Iñigo Ortiz de Zamudio y a María Sánchez que casó con Ordoño de Guenes en Salzedo

Ordoño de Zamudio pobló en Olariaga, eredó a Sant Martín de Arteaga, casó con Doña Teresa hija de Juan Ortiz de Sant Julián de Mena  e de Doña María Sanchez de Salzedo hija de Sancho Ortíz Marroquín, hermana de padre y de madre de Juan Sanchez Marroquín de Salzedo, e hijo en ella a Ordoño de Zamudio que casó con Doña Menzia , hija de Sancho Ferrández de las Ribas. Este Ordoño  de Zamudio y Doña Menzía  eredaron a Olariaga  y Sant Martín de Arteaga por su padre  Ordoño, y eredo las torres ambas de Salzedo  por su madre Doña Teresa de Sant Julián. Tuvieron hijos a Ordoño que murió mozo en pelea, a Sancho Ortíz que heredó a  Zamudio, a Ferrand Sanchez que heredó la Riberas, a Iñigo Ortíz que heredó la torre mayor de Salzedo, a Pedro Ferrández que heredó la torre menor de Salzedo, Este Ordoño de Zamudio  Doña Menzia vinieron a morar a Salzedo, dejando a Sancho Ortiz  du hijo en el solar de Olariaga de Salzedo e hicieron allí  en Salzedo toda su vivienda que la tomaron alí por mayores los de Güenes y de Arechaga  por que los apremiaban los Marroquines.

Iñigo Ortíz, el hijo tercero de Ordoño de Zamudio que eredó la torre y solar  mayor de Salzedo  casó con la hija de Juan Sánchez  de Arvolancha , preboste de Vilvao  e hizo en ella a Iñigo Ortiz de Salzedo  que eredó el solar, este Iñigo Ortíz de Salcedo casó con  la hija de Lope Ortíz de Estuniga de las Cuebas y tuvo a Juan de Salzedo y a Iñigo de Salzedo que murieron mozos sin herederos, a Menzia de Salcedo que casó con Furtado Díaz de Mendoza, nieto de Juan Furtado de Mendoza  el de Fontecha, el hijo de Menzia de  Salzedo Furtado Díaz, eredó el solar de Salzedo.

Furtado Diaz de Mendoza y Menzia de Salzedo tuvieron a Lope Furtado de Salzedo que eredo el solar de Salzedo que se casó con la hija de García Ibáñez de la Puente de Valmaseda  y tuvo en ella a Don Diego Furtado de Salzedo que eredó el solar de Salzedo, este caso con Doña María de Torres, hija de Lope de Salazar.

Pero Ferrandez de Salcedo cuarto hijo de Iñigo Ortiz de Salzedo que heredó la torre menor de Salcedo  casó con Doña María Gonzales y tubo a Sancho de Salzedo que eredó el solar menor de Salzedo que murió mozo pero con hijos bastardos, como Pero Ferrández de Salcedo que eredó el solar y a Fortud Sanchez de Salzedo, que casó y pobló en Vilvao

Pero Ferrandez de Salcedo, que redó aquel solar casó con la hija de Diego Ferrández de Ugarte  e hizo en ella a Juan de Salzedo que eredó el dicho solar e casó con Doña Juana hija de Lope García de Salazar  e tiene en ella hijos e hijas. Este Pero Ferrández el viejo de Salzedo tuvo hijos e hijas bastardos a Ochoa de Salzedo, a Juan Sánchez el Duque, a la mujer de Diego López de Aedo  y a la de Pero Sánchez de Somocurzo y otras.

Contando la historia de los Señores de Ayala como Fortud Sánchez de Salzedo, señor de Ayala  que tuvo hijos e hijas bastardos como Lope Sánchez de Gordojuela  en la hija de Martín Sánchez  de Santa Marina de Salzedo

Titulo de cómo fueron echados  e sacados los Salazar de la tierra e derribadas  todas sus casas por Pero Fernández de Velazco en Castilla Vieja.Pág 1143, Bienandanzas e fortunas

Muerto Juan López de Sant Pelayo, quedó todo el cargo de linaje de Salazar  en Juan Sanchez de Salzedo, su hermano legítimo, que viviendo e sirviendo  al rey don Pero, lo defendió bien y fue prestamero en Vizcaya. E moriendo de su dolencia e muerto luego el rey don Pero e quedando  Diego López de Salzedo su fijo mozo de tres años, e quedando  Pero Fernández de Velazco  en la Privanza del rey Don Enrique e mucho enredado con el poderío del rey  derribó todas las casas fuertes del linaje de Salazar, que fueron XXXVII casas , de lascuales el Palacio de Nograro e de Villamaderni  e de Goruendes  e de Oteo, e de Quincoces  e de Caniego  que eran de los calderones,  e la de Malpica e la de Santa María de Zuaza de Ayala  e otras que eran de Lope García. E cerco la casa de Cerca  que vivía en ella Gonzalo López de Salazar , e Lope García, que rea su hermano, nietos legítimos de Lope García de Salazar que se defendieron en ella gran tiempo, eran fuertes y tenían dos grandes cavas, hasta que los moros de medina le armaron un trabuco  e la derribaron.

Título de cómo Diego López de Salzedo casó e pobló en Soria  e como fizo la casa de Logroño, que era derribada. Pag 1144, Bienandanzas e Fortunas.

Diego López de Salcedo que quedó pequeño, criólo Juan Furtado de Mendoza su primo, e por que no vio manera de se sostener  en la tierra contra el poderío de la  casa de Velazco , casó e pobló en Soria  e allí fizo la casa e palacio de Nograro  sobre los cimientos primeros  e de aquella misma forma ; e así poblaron sus fijos  e descendientes en aquella tierra , segund se contiene en los títulos  de su generación.

E de esta generación de Salazar  quedaron algunos en la tierra , nietos en fijos de CXX fijos e fijas que tubo Lope García , como dicho es en especial  los fijos de Juan López de Sant Pelayo , otros de Juan López de Salazar  que pobló Somorrostro

Titulo…..

En el año del señor de mil CCCXXIII años, entro Juan Sánchez Maqrroquin de Salcedo,  que era Merino de Gipuzcoa e mucho privado  de la señora doña María de Vizcaya e poderosos e emparentados  en la Encartacion por merino en Guipúzcoa  con mil D omes y  de su linaje e de la señora .

Título….

En el año del señor de Mil CCCXXVIII morió don Juan Sánchez de Salcedo  Señor de Ayala . E por que no dejó fijo ni sobrino legítimo que eredase el su señorío, ovo mucha guerra  e contienda e momicidas  sobre quién eredaría aquel señorío, por que Sancho García de Murga su sobrino, fijo de Juan Sánchez Chiquilín , su hermanao vastardo decía que le pertenecía a el. Y como a los de Ibargoen e de Perea y otros de Ayala no les plazia, enviaron por don Sancho López de Ayala que e por Ferrand Pérez , su hermano que eran fijos de don Pero López Motila morava en Toledo, que eran Visnietos de doña María Sánchez , fija de don  Sant García  de Salzedo. Señor de Ayala  que decían que les pertenecía  el dicho señorío de Ayala  por que eran sus descendientes legítimos.

E venidos estos, comenzose fuerte guerra entre ellos  e otros muchos  por que los Salzedanos  de Salazar  favorecían al dicho Sancho García  de Murga

Hasta aquí Bienandanzas e fortunas

viernes, 14 de abril de 2023

Bernardino Salcedo Peramás, integrante de la comisión de Manumisión (liberación de esclavos), 1851

 


Bernardino Salcedo Peramás, integrante de la comisión de Manumisión (liberación de esclavos)

El 3 de diciembre de 1851 el Presidente Ramón castilla dicta la Libertad de la Esclavitud en el Perú

El estado peruano compra la libertad de cada uno pagando la suma de 300 pesos por cada esclavo liberto

Debiendo repartirse las cartas de libertad que expida el gobierno por los subprefectos y gobernadores de distrito, en unión de dos propietarios, según lo dispone el artículo 5 del decreto del 9 de marzo de 1855, que rige; se nombra para el desempeño de esta comisión a los siguientes:

San Pedro de Lloc

José Bernardo Goiburu

Manuel Bertis

Chiclayo

Casimiro Balcázar

Pero Arbulú

Lambayeque

Gregorio del Castillo

Bernardino Salcedo

Piura

Juan Huelguero

Diego Lamas

Trujillo

Modesto Blanco

Toribio Larraondo

 

Del Libro:

Colección de Leyes Decretos y órdenes, desde 1821 hasta 1859

Autor: Dr. Juan Oviedo

Editado en Lima en 1861

Digitalizado por Google

http://books.google.com.pe/books?id=pi9FAAAAYAAJ&printsec=frontcover&dq=Colección+de+leyes,+decretos+y+órdenes+publicadas+en+el+Perú+...,+Volumen+4&hl=en&sa=X&ei=JL_gUca9NYmDiwKQoYCoAQ&ved=0CDUQ6AEwAQ#v=onepage&q=Colecci%C3%B3n%20de%20leyes%2C%20decretos%20y%20%C3%B3rdenes%20publicadas%20en%20el%20Per%C3%BA%20...%2C%20Volumen%204&f=false



miércoles, 12 de abril de 2023

Una historia de la Industria del guano peruano

         Una historia de la industria del guano peruano

 Jeff Lawrence        Publicado el 22 de mayo de 2014
por Jeff Lawrence

Introducción
Durante casi 600 años, desde que los españoles invadieron en 1528, Perú se ha asociado con tesoros incas dorados o ruinas cubiertas de selva. También es el hogar de la papa, una de las verduras más populares y más utilizadas en el mundo y se pueden encontrar más de 3000 especies de papa allí. Después de un levantamiento contra los gobernantes españoles a principios del 19 º Perú del siglo, dirigidos por los libertadores José de San Martín de Argentina y Simón Bolívar de Venezuela, finalmente logró su independencia de España el 28 º de julio de 1821.
En las dos décadas que siguieron a los conflictos, tanto interna como externamente, el Perú tuvo dificultades para lograr la estabilidad y el crecimiento y no fue hasta que Ramón Castilla se convirtió en presidente en 1845 que el Perú finalmente pudo establecerse y comenzar a prosperar en su propio. Como resultado de su lucha por la independencia de España, el país había acumulado enormes deudas y estaba prácticamente en bancarrota, al no poder responder a sus acreedores extranjeros. Desde aproximadamente este tiempo hasta aproximadamente 40 años después (un período histórico conocido como la Era del Guano), el mayor aporte de riqueza en Perú, uno que revitalizaría toda la economía de la joven república, provino de una fuente bastante sorprendente. El guano, o excremento de pájaros, se había acumulado en las islas costeras del Perú durante cientos de años cuando, debido a los avances científicos en Europa,

                                               Las islas del guano

Figura 1 - Las islas productoras de guano más importantes del Perú

Las islas de guano más septentrionales eran el grupo Lobos compuesto por Lobos de Tierra y Lobos de Afuera (formado por Isla Independencia, Isla Cachimbo más numerosos islotes pequeños). Ambos se encuentran en la costa del departamento de Lambayeque con el primero a una distancia de 19 km y el último a 93 km.
El grupo de islas Macabi, compuesto por las islas Norte ("Norte") y Sur ("Sur"), se encuentra a unos 10 km de la ciudad de Puerto Chicama, en la costa del departamento de La Libertad. En un momento dado, pueden haber formado una isla más grande pero, debido a la erosión o los terremotos, ahora se han separado por un canal de 35 m de ancho. North Macabi Island tiene alrededor de 30m de altura con un diámetro de aproximadamente 1.5km.
Las islas Norte y Sur de Guanape están a unos 10 km de la península de Morro Guanape en La Libertad, justo al sur de la ciudad de Trujillo. Las dos islas están separadas por un canal de 2 km y están rodeadas por varios islotes y rocas. La Isla del Sur de Guanape es la más alta de las dos alcanzando 165m. Artefactos precolombinos que datan de las tribus de Guanape y Salinar, que vivían en el cercano valle de Viru alrededor del año 1000 a. C. y entre 200 a. C. y 200 d. C. respectivamente, se encontraron en las islas cuando se eliminaron las capas anteriores durante la extracción de guano. Además de los artefactos, cuerpos decapitados de mujeres jóvenes sacrificadas cuyas costillas y senos estaban cubiertos con una fina lámina de oro, también se descubrió que estas islas eran conocidas mucho antes de la llegada de los españoles.
Las mayores fuentes de guano fueron las tres islas Chincha (norte, centro y sur), ubicadas en la bahía de Pisco a 21 kilómetros de la ciudad de Pisco, en el departamento de Ica, en el centro de Perú. Estas islas rocosas y áridas se componen de roca volcánica, tienen menos de una milla de ancho y, además de un par de playas estrechas, están rodeadas de altos acantilados de hasta 300 pies de altura. Hay evidencia arqueológica de que las visitas de humanos a la isla se remontan a más de mil años. Algunos de los artefactos, encontrados en las profundidades de las capas de guano y tierra, son anteriores a la tribu Moche del norte de Perú que dejaron evidencia de sus visitas a la isla, posiblemente con el objetivo de extraer guano, durante el primer milenio de nuestra era.siglo th .
De las aves marinas que viven en estas islas, la más importante es el Cormorán Guanay (Phalacrocorax bougainvillii ) que suministra el guano más rico y abundante. Como resultado, los peruanos nativos le dan el nombre de "Guanay" que significa "el pájaro guano". Estos, junto con otras aves productoras de guano que viven en las islas, son el cormorán de pecho blanco (Phalacrocorax lucidus) , el pelícano gris (Pelecanus philippensis), el pelícano peruano ( (Pelecanus thagus) y el bobo peruano ( Sula variegata), en ese momento se estimaba que llegaban a un millón y cada ave que excretaba alrededor de 20 gramos de estiércol al día era capaz de producir hasta 11000 toneladas de guano al año.
                                                                       

Figura 2: de izquierda a derecha: pelícano peruano, cormorán Guanay, cormorán de pecho blanco, bobo peruano


En la costa occidental de América del Sur se encuentra la corriente de Humboldt, que trae agua fría de la Antártida. Esta corriente da como resultado valiosos nutrientes orgánicos y minerales que se agregan al agua costera de Perú, que suministra alimentos para grandes masas de plancton. A su vez, este plancton se alimenta de peces pequeños como las anchoas o peces más grandes como las sardinas o la caballa. En el extremo superior de la cadena alimentaria, estos peces son comidos por las aves mencionadas anteriormente.
La corriente de Humboldt también crea un patrón climático único en el que el agua fría y el aire cálido provocan que se produzca muy poca lluvia. Esto significaba que, en lugar de lavar el guano, las islas terminaban cubiertas por una capa de guano extremadamente duro que tenía más de 50 metros de espesor en algunos lugares. El calor del sol y el clima muy seco hornearon el guano y preservaron los nitratos y fosfatos que hicieron del guano peruano el más rico del mundo.
Además de la vida de las aves, algunas de las islas también estaban habitadas por grandes mamíferos como los leones marinos ( Otaria flavescens ) y el lobo marino del sur ( Arctocephalus australis ). Todas las islas están formadas por la andesita de roca volcánica y, aparte de algunas de las islas más grandes que tienen playas, están rodeadas de altos acantilados que dificultan el acceso a ellas. Las aguas que rodean la isla son muy profundas, hasta varios cientos de metros, y los mares pueden ser muy agitados, lo que también limita el acceso. En las islas más altas crece una forma de vegetación tipo "loma", pero la mayoría de las islas carecen por completo de vida vegetal debido a las gruesas capas de guano que las cubren. Un solitario mezquite chileno ( Prosopis chilenis) el árbol una vez creció en la isla Lobos de Tierra, pero fue cortado en 1978

El auge de la industria del guano en el Perú
Se dice que el uso del guano como fertilizante se originó con la tribu Moche que vivió a lo largo de la costa norte del Perú desde alrededor de 100 DC hasta aproximadamente 800 DC. Alrededor del siglo XIV , los incas hicieron un uso extensivo del guano. La palabra "guano" en realidad proviene de la antigua palabra quechua "huanu", que significa "estiércol". El guano se consideraba tan importante para los incas que limitaban el acceso a las islas y cualquier persona que haya matado a una de las aves productoras de guano fue condenada a muerte. Asignaron cada una de las islas a una provincia en particular y solo los agricultores de esa provincia tenían acceso al guano producido por cierta isla.
Desde que los españoles llegaron al país en 1527, se había olvidado principalmente. Además de las muchas pérdidas sufridas durante la invasión española, la población de los incas también fue diezmada por la guerra civil, la enfermedad y la hambruna, y muchos de los que quedaron fueron obligados a la esclavitud. Debido a esto, las necesidades de guano en la agricultura nativa disminuyeron rápidamente, aunque hubo algunas visitas a las islas de guano por parte de embarcaciones extranjeras durante los siguientes dos siglos.
A principios del 19 ºEn el siglo XX, cuando se hizo necesaria la necesidad de nuevas fuentes de fertilizantes, en particular para el mercado europeo, la industria del guano se despertó de su largo sueño. Fue el explorador alemán Alexander von Humboldt (quien dio su nombre a la corriente de Humboldt), junto con el botánico francés Aimé Bonpland, quien volvió a descubrir las propiedades del material en 1802 durante su expedición sudamericana. Enviaron muestras del guano a varios químicos europeos, por ejemplo Sir Humphrey Davy, para su análisis y se encontró que era extremadamente rico en fósforo y nitrógeno, ingredientes importantes para la fotosíntesis y el crecimiento respectivamente, pero su potencial no se apreciaba completamente en ese momento. y permaneció oculto al mundo exterior durante otros 30 años más o menos. Por lo tanto, los agricultores europeos continuaron utilizando residuos reciclados y harina de huesos como fuentes de fertilizantes. A mediados de los 19º siglo, la creciente población europea significó que los agricultores no podían mantenerse al día con la cantidad necesaria de cultivos y sus suelos rápidamente se está agotando de cualquier valor nutritivo.
                                                                              

Figura 3 - Izquierda: Alexander von Humboldt, Derecha: Sir Humphry Davy

 En 1838, dos empresarios de Lima, Carlos Barroilhet y el francés-peruano Aquiles Alliers, se convencieron de las propiedades casi mágicas del guano y le pidieron a un comerciante inglés que vivía en Valparaíso, Chile, que enviara una muestra a un comerciante en Liverpool con el nombre de William Myers Myers tenía muchos contactos dentro de la comunidad agrícola local y decidió entregar muestras del guano a estos agricultores para que probaran en sus campos. El resultado fue su mejor cosecha durante mucho tiempo y en 1841 el profesor James Johnston, del departamento de química de la Universidad de Durham, publicó un artículo ('Sobre el guano') en el Journal of the Royal Society of Agriculture que mostraba eso cuando se usaba junto con fertilizantes más tradicionales. El guano funcionó extremadamente bien. Era soluble, de acción rápida y tenía un efecto inmediato sobre el crecimiento de las plantas. Estos resultados captaron la atención de Myer en tal cantidad que puso una gran cantidad de su propio dinero para comenzar a importar el guano. Para 1841, el primer buque de carga salió del puerto peruano de Callao cargado con alrededor de 2000 toneladas de guano para su destino final, Liverpool.

Esclavitud china en la industria del guano
Todo lo que se requería para convertir el guano en un suministro casi inagotable de riqueza era un ejército de trabajadores, equipado con las herramientas necesarias, para alejarlo de la roca debajo. Inicialmente, estos trabajadores estaban compuestos principalmente por esclavos nativos, desertores del ejército y prisioneros, pero pronto la industria se había expandido tanto que la fuerza laboral local era insuficiente y, por lo tanto, se necesitaba otra fuente de trabajo. Esta fuente tomó la forma de miles de trabajadores chinos que viajaron a través del amplio Océano Pacífico, en barcos superpoblados y plagados de enfermedades, desde ciudades como Amoy y Macao. John Meares, un teniente de la Royal Navy y explorador, habían utilizado los esclavos chinos en su pelaje industria del comercio en la isla de Vancouver al final de la 18 ª siglo, y que también fueron utilizados en las plantaciones de azúcar en Hawaii a principios del 19siglo th . El rápido aumento de la población en China durante la primera mitad de la 19 ª siglo llevado a la escasez de alimentos y la pobreza en el país y los estos factores, junto con la primera guerra del opio entre 1839 y 1842 obligó a muchos a cabo china del país para buscar sus medios de vida en otros lugares.
Se habían inscrito, por períodos de hasta cinco años, después de que los agentes ingleses que trabajaban en China les prometieron riquezas tanto para ellos como para sus familias en busca de mano de obra barata. También tenían la falsa impresión de que iban a trabajar en las minas de oro de California en lugar de las islas de guano, los ferrocarriles o las plantaciones de azúcar de Perú. Muchos murieron durante el viaje oceánico de cinco meses, por enfermedad, flagelación o por saltar por la borda para escapar de las terribles condiciones a bordo, aunque se estimó que alrededor de 30,000 trabajadores aún llegaron a las Islas Chincha entre mediados de la década de 1840 y mediados de la década de 1870.
                                                                                

Figura 4 - Un "coolie" chino siendo azotado a bordo de un barco de esclavos


Figura 5 - La bodega de la nave esclava llena de "coolies" recién cargados

Varios pueblos pequeños, hogar de alrededor de 3000 trabajadores y funcionarios en total, eventualmente crecieron en las islas. Estos edificios estaban compuestos principalmente por pequeñas cabañas de bambú frágiles, pero las que se usaban para la administración o para la vivienda de los funcionarios generalmente eran algo superiores. En otras islas, el trabajador generalmente dormía en alojamientos temporales como tiendas de campaña durante los períodos de extracción de guano. Su ropa de cama consistía en sacos viejos que albergaban grandes poblaciones de pulgas y moscas debido a los pobres estándares de saneamiento. El agua era provista por cisternas de concreto que se llenaban con tanques que pasaban cuando era necesario, aunque algunas de las islas más grandes tenían su propio suministro de agua corriente. La isla North Chincha albergaba las principales instalaciones, incluido un hotel, un pequeño hospital y varios médicos extremadamente sobrecargados de trabajo.
                                                                                    

Figura 6 - El hotel cerca del puerto principal de las islas Chincha


Figura 7 - Alojamiento chino en las islas Chincha


Los trabajadores chinos pronto se hicieron conocidos por el sobrenombre de "coolie" (del trabajo hindú kulique significa "trabajador contratado") y tuvo que soportar condiciones extremadamente arduas, trabajando hasta 120 horas por semana (un promedio de más de 17 horas por día sin días libres) en condiciones muy calurosas y secas. Tampoco estaban protegidos por las leyes laborales que se aplicaban a otros trabajadores, por lo que sus amos podían hacer lo que quisieran sin temor a ningún castigo legal resultante de sus malos tratos. Los esclavos británicos negros fueron empleados para azotar o azotar a cualquier trabajador que no tirara de su peso. Se castigaron las fechorías graves atando a los malvados a una boya en el mar. En lugar de las riquezas prometidas, recibieron el pago de solo 1 real peruano por día y una pequeña asignación de arroz. Para tratar de pacificar a los trabajadores, las autoridades peruanas se pusieron en contacto con los británicos para importar opio.
Una vez que el guano había sido retirado, utilizando picos y palas, de las enormes colinas que cubrían casi toda el área de las islas, tuvo que ser transportado en carretillas, a través de distancias que van desde solo cien yardas hasta un cuarto de galón. milla, a depósitos en lo alto del borde de los acantilados circundantes. Estos depósitos tomaron la forma de recintos de bambú, apoyados contra el acantilado por cadenas. El guano se vació luego a través de tuberías de lona llamadas mangueras , ubicadas en el fondo de los recintos, en barcazas de espera muy por debajo. Las barcazas luego transportaron el guano a los barcos mercantes que esperaban en alta mar. Llevó alrededor de tres meses llenar un barco con guano, especialmente porque gran parte se perdió en el mar debido a una carga descuidada.
                                                                                     

Figura 8 - Una tolva de guano o "manguera" en las islas Chincha


El polvo del guano causó muchos problemas a los mineros causando que sus labios y narices sangraran, produciendo conjuntivitis en los ojos y causando que muchos de ellos murieran por enfermedades respiratorias como la bronquitis. Otras enfermedades como la gripe y la malaria también fueron muy comunes, como la infestación con garrapatas de las aves de guano. Los trabajadores tuvieron que sobrevivir con una dieta escasa de carne seca, pan duro y arroz infestado de gusanos que no estaba lo suficientemente cerca como para proporcionarles el sustento suficiente para su arduo trabajo, a menudo teniendo que extraer manualmente hasta 5 toneladas (entre 80 y 100 carretillas llenas) de guano por día. Esta dieta llevó a muchos de los trabajadores a sufrir escorbuto debido a la falta de vitamina C.
La mayoría de los trabajadores eran de forma delgada y no estaban acostumbrados a una carga de trabajo tan severa y un gran número de ellos finalmente sucumbió al exceso de trabajo oa una de las diversas enfermedades que frecuentaban las islas. Incluso entre aquellos que de alguna manera lograron mantenerse libres de enfermedades, un gran número eligió el suicidio, la sobredosis de opio, colgándose de sus aparatos ortopédicos o arrojándose desde los altos acantilados hacia el océano, muy por debajo. Muy pocos de los 30,000 trabajadores lograron completar el término completo de cinco años de su contrato. La tasa de mortalidad durante los primeros 15 años de la industria del guano fue de entre 35 y 40 por ciento.

 El incidente de las islas Lobos
Para 1850, la industria del guano había crecido hasta tal punto que el presidente de los Estados Unidos, Millard Fillmore, declaró durante su discurso sobre el estado de la Unión que "el guano peruano se ha convertido en un artículo tan deseable para el interés agrícola de los Estados Unidos que es el deber". del Gobierno para emplear todos los medios adecuadamente en su poder con el fin de hacer que ese artículo sea importado al país a un precio razonable ".
En junio de 1852 surgió un conflicto entre Perú y Estados Unidos cuando este último declaró que tenían derecho a retirar el guano de las Islas Lobos. Afirmaron que las islas habían sido descubiertas por primera vez por el barco estadounidense Wasp en 1823 y que la distancia de las islas a la costa peruana y su estado despoblado significaban que Perú no debería tener jurisdicción sobre ellas. Los británicos también tenían sus ojos en las islas y, por lo tanto, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Daniel Webster, declaró que se debería hacer un acuerdo con Perú para obtener las islas a un precio ventajoso. Mientras tanto, amenazó con enviar la Marina de los EE. UU. A las islas para proteger los barcos estadounidenses en el área.
El diplomático peruano Juan Ignacio de Osma respondió que las islas en realidad habían sido descubiertos por el conquistador español Francisco Pizarro durante su viaje a Perú en el 16 º siglo y que Perú les reclama como territorio soberano. Webster y Osma se reunieron el 2 nd julio, pero fueron incapaces de llegar a un acuerdo satisfactorio. Poco tiempo después, Osma le escribió a Webster diciendo que si bien Perú era obviamente muy débil en comparación con Estados Unidos, estaban dispuestos a defenderse en el asunto con cualquier medio necesario.
El 21 st agosto Webster escribió el J. Randolph Clay, el embajador de Estados Unidos en Lima, que chocan con Perú se debe evitar a toda costa y que todos los actos contra Perú por los ciudadanos privados de Estados Unidos sería considerado un acto de guerra. También le pidió a Clay que tratara de obtener derechos aceptables para que Estados Unidos tomara guano de las islas. En respuesta, Perú reunió documentación que demostraba sus derechos a las islas de manera tan convincente que el presidente de los Estados Unidos, Millard Fillmore, se movió para disculparse por el comportamiento de los Estados Unidos hacia Perú y reconoció la propiedad de las islas por parte de Perú.
 
El aumento de la industria del guano
El precio del guano peruano ahora era muy alto y estaba controlado principalmente por empresas británicas (a mediados de la década de 1850, Gran Bretaña importaba hasta 300,000 toneladas de guano, principalmente para su uso en el cultivo de nabos), por lo que los estadounidenses tuvieron que buscar en otro lado y, por lo tanto, en 1856 Se aprobó la Ley de Islas, que permite a los Estados Unidos adquirir cualquier isla de guano no ocupada en las regiones del Pacífico y el Caribe para acumular sus suministros, de gran utilidad para ayudar a que crezcan los cultivos de los agricultores estadounidenses. Alrededor de 60 islas se obtuvieron debido a este acto pero muchos fueron liberados de control de Estados Unidos una vez que la locura de guano había disminuido durante la 20 ª siglo, debido al desarrollo de fertilizantes artificiales.
Otro visitante habitual de las Islas Chincha en ese momento era William Russell Grace, nacido en Irlanda. Originalmente, Grace trabajaba para la empresa de importación inglesa Bryce Brothers como proveedor, suministrando a sus barcos herramientas y otros equipos. Grace tomó posesión de un antiguo naufragio situado a poca distancia de las islas Chincha y lo convirtió en una tienda de barcos, lo que impidió que los barcos comerciales que visitaban la isla tuvieran que hacer un largo viaje a Callao para obtener suministros. Más tarde estableció su propia compañía Grace Brothers and Co. con su hermano Michael, que tuvo tanto éxito que pudo comprar a sus antiguos empleadores Bryce Brothers.
Durante su tiempo en las Islas Chincha, Grace también conoció a su futura esposa, Lillius Gilchrist, la hija de uno de los capitanes del barco que fue suministrada por Grace. Tendrían once hijos, los primeros tres nacieron en las islas Chincha. En 1880, Grace se convertiría en el primer alcalde católico irlandés-estadounidense de la ciudad de Nueva York. Ocupó este cargo hasta 1882 y luego, después de regresar al mundo de los negocios durante un par de años, se convirtió en alcalde de la ciudad una vez más en 1884 hasta el final de su mandato en 1886. Durante este segundo mandato, Grace aceptó el regalo francés de La Estatua de la Libertad a la ciudad.
A principios de la década de 1850, un oficial británico que estaba visitando las Islas Chincha informó haber visto la carga simultánea de guano en 100 barcos, representando a 11 países diferentes (44 de los Estados Unidos, 40 de Gran Bretaña, cinco de Francia, dos de los Países Bajos y uno cada uno de Noruega, Suecia, Rusia y Armenia, así como tres entregando a agricultores locales en Perú). Además, cientos de otros barcos grandes estarían esperando su turno, hasta ocho meses, en alta mar.
                                   
Figura 9 - Buques en alta mar desde las islas Chincha esperando cargar con guano

En 1860, 433 barcos se llevaron un total de casi 350,000 toneladas de guano solo de las islas Chincha y el ingreso anual total para todo el país llegó a poco menos de 15 millones de dólares. Sir Clements Markham, el notable explorador británico, hizo una visita a las Islas Chincha durante ese año y estimó que al ritmo actual de extracción, el guano duraría otros 20 años.
A pesar de esto, no se pudo satisfacer la demanda mundial de guano y se tuvieron que utilizar otras fuentes de guano de otras islas de todo el mundo. Este guano generalmente era muy inferior al que se encuentra en las islas del Perú, pero a pesar de esto a menudo se etiquetaba como "Guano peruano", por lo que aquellos que lo compran podrían pensar que es real, por lo tanto, son un estándar más alto de lo que realmente era.
La ganancia inesperada provocada por este auge de la exportación creó una prosperidad artificial, lo que significaba que el gobierno podría sobrevivir sin tener que implementar un control financiero adecuado sobre el país. También condujo a un gran aumento en el número de capitalistas que vivían del estado y vivían exuberantes de las enormes cantidades de dinero que producían sus empresas exportadoras de guano.
Inicialmente, la producción de guano de cada año se vendía a una o dos empresas privadas de banca comercial en Gran Bretaña o Europa continental. Una de estas empresas fue la firma londinense Antony Gibbs and Sons, que desempeñaría un papel importante en la industria del guano durante casi 20 años. La compañía abrió por primera vez una oficina en Lima en 1822 y se ocupó inicialmente de artículos como el cacao, el algodón, el estaño, la plata y la lana. En 1842, primero firmaron un contrato que les otorgaba el derecho de comerciar con guano, una industria que estaba creciendo rápidamente para entonces.
En 1847 se convirtieron en la única compañía con derecho a suministrar guano peruano a los mercados norteamericano y europeo y rápidamente se convirtieron en la compañía más importante en la industria del guano. Compraron guano a un precio de $ 15 por tonelada y lo vendieron a $ 50 por tonelada. Gran Bretaña fue el principal cliente y, en general, importó alrededor de 100,000 toneladas por año, pero la creciente demanda de los granjeros británicos significó que más de 300,000 toneladas de guano fueron enviadas a Gran Bretaña en 1858. El mercado estadounidense alcanzó un pico de 176,000 toneladas en 1855.
                                                                               

                                 Figura 10- Exportaciones de guano peruano 1845-1879

 Más tarde, el mercado del guano se abrió a los sindicatos de empresarios peruanos, que pagaron el producto a través de préstamos obtenidos del gobierno a tasas de interés muy altas. A partir de estos reembolsos, el gobierno pudo pagar la mayoría de las deudas que había acumulado de las diversas guerras en las que Perú había estado involucrado en las últimas décadas. Sin embargo, significaba que estaban cada vez más endeudados con el comercio de guano de una situación financiera que, para las muchas personas que dependían de estos ingresos, significaba peligro para el futuro si algo le sucedía a esta industria. Por ejemplo, en 1859 el ingreso estatal total era de menos de 22 millones de dólares, de los cuales 16 millones provenían de la exportación de guano.
Estos problemas surgieron en la década siguiente, cuando los suministros de guano, que se habían extraído en cantidades cada vez más altas en los años anteriores, de repente comenzaron a disminuir. Esto también condujo a una gran disminución de los ingresos nacionales, que dependía en gran medida de la industria, y posteriormente a un gran aumento de las deudas del país, tanto internas como externas.

 La guerra de las islas Chincha
Después de perder su control sobre América del Sur durante la primera parte de la 19 ª siglo España había sufrido una serie de crisis, tanto interna como externamente, y había estado luchando económico y político desde hace algunas décadas. Cuando Isabel II tomó el trono español en 1843, la fortuna del país comenzó a aumentar una vez más. Después de varias campañas militares exitosas en lugares como Marruecos, Indochina y República Dominicana, España era la cuarta armada más grande del mundo a principios de la década de 1860.
En 1862, la Reina Isabel envió una flota de barcos españoles, incluidos tres buques de guerra, a América del Sur con el pretexto de una expedición científica. En realidad, el viaje también fue para tratar de brindar apoyo a los ciudadanos españoles que viven en las Américas. Después de breves paradas en el puerto chileno de Valparaíso y el puerto peruano de Callao, la flota, bajo el mando del almirante Luis Hernández Pinzón, continuó su camino hacia San Francisco. A pesar de no tener relaciones diplomáticas con Perú desde su independencia de España en 1821, una decisión que España aún no reconoció, se dijo que las relaciones entre las autoridades españolas y peruanas fueron amistosas durante su visita al Callao. Incluso hicieron una visita a la oficina del presidente peruano, Pedro Díaz Canseco,
En agosto de 1863, poco después de que los españoles se fueran a los Estados Unidos, estalló una pelea en una gran granja en el pueblo de Talambo en Lambayeque entre inmigrantes de la región vasca de España y nativos peruanos. En 1859, el dueño de la granja, Manuel Salcedo Peramas, había invitado a más de setenta familias de España para ayudar con el cultivo del algodón. Al escuchar esto, el gobierno español impidió que las familias viajaran, ya que sentían que era despectivo para España que sus súbditos fueran contratados como trabajadores agrícolas. Como resultado, los emigrantes tuvieron que viajar a Callao a través de un puerto francés con pasaportes franceses. El señor Salcedo pagó su pasaje y les proporcionó fondos para comprar las provisiones necesarias.
Cuando llegaron a Perú, varios de los emigrantes y sus familias decidieron buscar empleo en otro lugar mientras conservaban el dinero que les proporcionaba su benefactor. Sin embargo, la mayoría continuó hacia Talambo para ocupar sus puestos en la granja del señor Salcedo. Durante cuatro años, las cosas salieron muy bien y los trabajadores vascos crearon una muy buena impresión y ayudaron a que floreciera la producción de algodón del señor Salcedo. Pero en agosto de 1863, uno de los colonos vascos, Marcial Miner, tuvo un desacuerdo con Salcedo. Esto llevó a una pequeña batalla entre los vascos y los locales que resultó en la muerte de un miembro de cada grupo y la herida de un número en ambos lados.
Una vez que el almirante Pinzón, cuya flota aún estaba en ruta hacia San Francisco, se enteró del incidente, dio la vuelta a sus barcos y regresó al Callao. Una vez de regreso en Perú, Pinzón exigió una disculpa del gobierno peruano por la muerte del euskera, así como una compensación a los otros inmigrantes afectados. En respuesta, los peruanos afirmaron que el incidente fue simplemente un asunto interno, que podría ser ordenado por su propio sistema de justicia y que no era necesario pedir disculpas.
                                                                                     

Figura 11 - Izquierda: Almirante Luiz Hernández Pinzón, Derecha: Manuel Salcedo Peramas

 Esta respuesta resultó ser menos que satisfactorio para el gobierno español en Madrid que decidió entonces solicitar la devolución de los gastos que se les adeuda por el Perú después de la Independencia del Perú en la primera parte de la 19 ª siglo. Para negociar sobre este asunto, España envió a Eusebio Salazar y Mazaredo a Perú en el papel de Comisionado Real. Perú consideró que el título de Mazaredo era insultante, ya que un comisionado generalmente no es más que un funcionario colonial y que su título correcto debería haber sido embajador, es decir, alguien que actúa como enviado diplomático para las negociaciones con un estado independiente. Este asunto significó que las conversaciones entre los dos países tuvieron un comienzo difícil y las cosas no mejoraron con Mazaredo y el canciller peruano, Juan Ribeyro, que no llegaron a un acuerdo.
En abril de 1864, enojado por la falta de progreso, España decidió tomar el asunto en sus propias manos al tomar el control de las Islas Chincha, la principal fuente de guano del Perú. Las islas solo se defendieron ligeramente y, por lo tanto, los 400 marines españoles pudieron capturarlas sin ningún problema. Al hacerlo, levantaron la bandera española sobre las islas y arrestaron al gobernador local Ramón Valle Riestra sobre la fragata Resolución . Los españoles planearon usar las islas, que proporcionaban casi el 60% de todos los ingresos del Perú, como una herramienta de negociación e incluso hubo propuestas para pasarlas a los británicos a cambio de Gibraltar.
                                                                                



Figura 12: el Escuadrón español, comandado por el almirante Pinzón, tomando posesión de las islas Chincha



Figura 13 - Tropas españolas en las islas Chincha

Los españoles también bloquearon el principal puerto del Callao, causando mucho resentimiento tanto en Perú como en toda América Latina. El recién elegido Primer Ministro español, Ramón María Narváez, decidió reemplazar al Almirante Pinzón con el Contraalmirante Juan Manual Pareja, que tiene más capacidad militar. Pareja había nacido en Lima antes de la independencia peruana y su padre había sido asesinado mientras luchaba en la Guerra de Independencia de Chile. El primer ministro Narváez también envió otros cuatro buques de guerra para fortalecer la flota española en el Pacífico.
El contraalmirante Pareja llegó a Perú en diciembre de 1864 e inmediatamente comenzó a conversar con el general retirado Manuel Ignacio de Vivanco, el representante especial del presidente peruano Juan Antonio Pezet. Después de negociaciones que duran aproximadamente un mes el Tratado Vivanco-Pareja fue firmado a bordo de la fragata Villa de Madrid día 27 Enero XX , 1865. Como resultado de este tratado España renunciará a las islas de Chincha Perú a cambio de pagar sus deudas de la guerra de Independencia, así como todos los costos relacionados con la ocupación española de las islas.
El contenido del tratado fue visto como un gran insulto por muchos peruanos, incluido el ex presidente Ramón Castilla, quien ahora era el jefe del Senado peruano. Cuando el presidente Pezet asistió al Senado para discutir el tratado, él y Castilla entraron en un acalorado debate que resultó en que Castilla golpeara a Pezet y fuera forzado al exilio en Gibraltar. En febrero de 1865 estalló un levantamiento contra el presidente Pezet en la ciudad sureña de Arequipa. La revuelta fue dirigida por el coronel Mariano Ignacio Prado, quien marchó a Lima con 10.000 soldados para tratar de arrebatarle el control a Pezet. Los hombres de Prado encontraron resistencia hasta llegar a la plaza principal de Lima, la Plaza de Armas, el 5 ºNoviembre. Aquí finalmente se encontraron con tropas leales a Pezet y durante los siguientes cinco días tuvieron lugar combates. Para entonces, los hombres de Pezet habían sido reducidos en tres cuartos y se vieron obligados a rendirse permitiendo a Prado ingresar al Palacio de Gobierno.
Inicialmente, Pezet pensó en lanzar un contraataque, pero debido a que sus fuerzas se habían reducido drásticamente por la lucha y la deserción, en su lugar, decidió embarcarse en un bote que lo llevaría al exilio en Inglaterra. Una vez allí, vivió con su familia en la ciudad de Richmond, cerca de Londres, antes de regresar a Perú en 1871.
                                                                                     

Figura 14 - Izquierda: Juan Antonio Pezet, Derecha: Mariano Ignacio Prado


Colapso
Para 1868, el presidente de Perú era el ex soldado coronel José Balta, que carecía de las habilidades en finanzas o negocios que se necesitaban mucho en ese momento. Su ministro de Finanzas, José Nicolás Baltasar de Pierola, tenía estas habilidades necesarias, pero su perspectiva demasiado optimista lo llevó a tener una excesiva confianza en las cantidades restantes de guano y sales minerales. Su estimación de que los recursos durarían en el futuro previsible lo llevó a continuar con los planes de expansión y desarrollo del país, sumergiéndolo aún más en el rojo.
En 1869, organizó el suministro de 2 millones de toneladas de guano a la empresa parisina Dreyfus, a cambio de los derechos exclusivos de exportación del guano peruano a Europa y otras partes del mundo. Dreyfus también pagaría 2 millones de soles al gobierno peruano, así como pagos adicionales de 750,000 soles cada mes hasta marzo de 1871. Además de esto, Dreyfus también acuerda subsidiar la deuda externa de Perú por la suma de 5 millones de soles por año, lo que ayudó un poco para reducir los atrasos financieros del país y mejorar su posición con posibles inversores en el extranjero. Sin embargo, fue un gran golpe para el orgullo nacional del Perú que tuvieron que recurrir a entregar esta gran fuente de riqueza a una empresa extranjera.
A pesar de este aporte en 1872, las finanzas del país habían empeorado hasta tal punto que estaba al borde de la bancarrota y fue en este contexto que tuvieron lugar las elecciones generales de ese año. La popularidad del presidente Balta fue extremadamente baja, como era de esperar, especialmente con los exportadores de guano que todavía tenían mucha influencia en el país. Y sin un respaldo político real detrás de él, no tuvo más remedio que quedarse fuera de las elecciones y, en cambio, presentó al ex presidente general José Rufino Echenique, que ya había pasado su mejor momento, como su candidato apoyado.
De pie contra Echenique estaba Manuel Pardo, del Partido Civilista, quien durante muchos años había predicho una posible ruina financiera para Perú si continuaba poniendo todos sus huevos financieros en la canasta de guano. También se desempeñó como Ministro de Finanzas bajo la dictadura de su casi homónimo coronel Mariano Prado durante la década de 1860 cuando intentó, y fracasó, introducir controles financieros adecuados que habrían reducido la dependencia del país en la industria del guano. Tenía el apoyo de la comunidad empresarial pero, debido a sus opiniones radicales, no era muy popular entre la iglesia y el ejército. A pesar de esto, ganó fácilmente las elecciones. Sin embargo, los militares no estaban dispuestos a rendirse sin luchar y Balta declaró que la elección era nula debido a la forma desordenada en que se había llevado a cabo. Por lo tanto, se llevó a cabo una segunda elección, esta vez con el civil Antonio Arenas reemplazando al general Echenique como candidato del ejército. El resultado de esta elección fue el mismo y una vez más ganó el Partido Civilista, lo que llevó al ejército a tomar medidas directas esta vez, aunque sin el apoyo de Balta.
El ministro de guerra, el coronel Tomás Gutiérrez, junto con sus tres hermanos que también eran coroneles en el ejército, se apoderó del palacio presidencial en Lima, encarceló al coronel Balta y se nombró a sí mismo como el dictador del país. Para entonces, el amargado público peruano ya había tenido suficiente y algunos de ellos también irrumpieron en el palacio, matando a uno de los hermanos Gutiérrez en el proceso. Tomás Gutiérrez afirmó que el coronel Balta había sido responsable del asesinato de su hermano y le disparó. Pero la multitud enojada continuó con sus acciones y entró en el cuartel donde Gutiérrez y su hermano restante se estaban escondiendo, matando a los dos. Sus cuerpos mutilados fueron colgados de la catedral para que todos los vieran.
                                                                    

          Figura 15 - Izquierda: José Balta, Derecha: Tomás Gutiérrez

Como resultado de todo esto, Manuel Pardo fue finalmente instalado como el primer presidente civil del Perú. Pero su inauguración no pudo haber llegado en un peor momento financiero. El ingreso de la industria del guano era apenas suficiente para cubrir todas las deudas del gobierno. Por lo tanto, el contrato con la empresa parisina Dreyfus se renegoció para permitir un retorno parcial a la exportación del guano sobre una base de regalías.
No era solo el guano el que suministraba a los europeos sus fertilizantes muy preciados. Se encontró otra fuente en los desiertos del sur del Perú, que eran ricos en sales minerales como el borato de sodio y el nitrato de sodio. Se estimó que los recursos de nitrato de sodio serían suficientes para durar 1000 años si la tasa actual de exportación a través del puerto local de Iquique, casi 70000 toneladas por año, continuara. Las industrias relacionadas con la extracción y exportación de estas sales, fueron puestas en un monopolio gubernamental para intentar crear una nueva fuente de ingresos junto con la del guano.
En 1879, las cosas empeoraron enormemente cuando estalló la Guerra del Pacífico con Chile sobre los derechos de estos desiertos ricos en nitratos. La derrota de Perú resultó en la pérdida de la provincia de Tarapacá, un proveedor de gran riqueza para el país, para el vecino del sur de Perú. Por lo tanto, las advertencias de personas como Manuel Pardo y Sir Clements Markham, quienes habían predicho un gran desastre financiero debido a la excesiva dependencia de la industria de los fertilizantes, se volvieron totalmente ciertas.
Con la pérdida de las regiones ricas en nitrato y con los suministros de guano casi vacíos, Perú no tenía forma de lograr los ingresos necesarios para pagar las deudas externas y tuvo que recurrir a la transferencia de los ferrocarriles estatales a los británicos.

 Renacimiento
En el apogeo de la edad del guano en Perú, entre 1840 y 1880, se estimó que se exportaron más de 20 millones de toneladas de guano, produciendo ganancias de alrededor de $ 2 mil millones. Sin embargo, para 1890 los suministros de guano casi se habían agotado. Para tratar de proteger los suministros restantes, el gobierno peruano creó la Compañía de Administración del Guano (GAC), cuyo trabajo consistía en administrar el guano mediante la preservación de las aves marinas y sus entornos insulares. Un método utilizado fue prohibir que las compañías de guano tengan acceso a las islas durante 6 meses al año para permitir que las aves acumulen las reservas de guano y críen a sus crías en paz. Para preservar la dieta principal de las aves, el pescado, la administración también controlaba la industria pesquera, establecer cuotas para mantener la cantidad necesaria de peces para que las aves se alimenten y, por lo tanto, mantener a su población en un nivel satisfactorio. Después de 1909, el guano solo se eliminó durante el invierno, fuera de la temporada de reproducción, a pesar de que los mares suelen ser mucho más agitados durante este período.
Los centinelas que fueron enviados a las islas estaban siendo entrenados por científicos peruanos, y además de sus tareas de guardia harían observaciones periódicas de las aves en su isla. Esbozarían la distribución y el estado de reproducción de las aves y, a partir de estos mapas, se realizaría una estimación aproximada de la cantidad de guano que se produciría y cuánto esfuerzo se necesitaría para eliminarlo. Se construyeron muros a lo largo de los bordes de los acantilados para retener el guano y evitar que los nidos y los huevos caigan al mar. Se despejaron las laderas de piedras y se alisaron para ayudar a construir nidos y así aumentar el número de aves reproductoras. También se llevó a cabo el mantenimiento de los muelles, edificios y equipos necesarios para la extracción y el transporte del guano. 
El GAC también trató de erradicar a los depredadores de las islas costeras. Grandes gaviotas, skúas, buitres de pavo e incluso cóndores andinos se alimentaron de los huevos o polluelos de los guano-pájaros, mientras que el halcón peregrino atrapó aves adultas en vuelo. En la isla de Asia, una pequeña isla de guano a unos 100 km al sur de Lima, dieciocho cóndores andinos fueron responsables de aniquilar a toda la colonia reproductora en solo unos pocos días. En 1915, el GAC comenzó el exterminio sistemático de estos depredadores al proporcionar armas a los centinelas y a los fareros que estaban en las islas. Se informó que, en algunas de las islas del guano del sur, más de cinco mil aves fueron asesinadas durante los meses de febrero y marzo solo en 1917.
Alternativamente, se pensaba que los grandes mamíferos, como los leones marinos que habitaban las islas, eran ventajosos para la producción de guano, ya que atacaban cardúmenes de peces desde abajo y los obligaban a salir a la superficie, donde las aves marinas podían atraparlos fácilmente. Por lo tanto, Perú prohibió la caza de leones marinos en 1896. En 1910, el zoólogo marino Robert Coker publicó un informe que concluía que, de hecho, no había evidencia real de que los leones marinos fueran particularmente beneficiosos para los guano-pájaros, por lo que esta ley de caza se relajó . El mercado de las pieles de los leones marinos, el aceite, la carne y los bigotes provocan la muerte de hasta 36500 de ellos en una sola temporada de caza. Más tarde, los pescadores llegaron a ver a los animales como plagas y hubo pocos intentos de controlar la matanza y en 1961 la población de lobos marinos se había reducido a solo 8000.
Una amenaza para el guano que estaba fuera del control de la administración era la del clima. El sistema meteorológico de El Niño tiene un gran impacto en el clima y el medio ambiente en esa parte del mundo, al calentar el océano y matar grandes cantidades de peces. Si la población de peces cae demasiado, podría conducir a una reducción en el número de aves marinas y, posteriormente, afectaría la cantidad de guano. El Niño de 1911 obligó a muchas de las aves marinas a abandonar el área, arruinando la producción de guano de esa temporada y causando la muerte y la destrucción de decenas de miles de crías y huevos. Sin embargo, la Corporación Peruana de Londres aún continuó exportando guano al Reino Unido y Europa, y los granjeros peruanos preocupados también acumularon suministros para tratar de evitar la posible escasez en los próximos años. Esto llevó al gobierno peruano a cerrar las Islas Ballestra, en ese momento su territorio más productivo, entre 1914 y 1916 para que la población de aves y los niveles de guano se recuperen. Cuando se volvió a abrir, las islas solo podían suministrar fertilizantes para la agricultura local.
En 1925, otro evento devastador de El Niño causó una gran disminución en la producción de guano. El gerente general del GAC, Francisco Ballen, intentó culpar a los pescadores locales por la caída del guano al acusarlos de sobrepescar y, por lo tanto, a los guano-pájaros no pudieron encontrar suficiente comida. Había tenido una larga disputa con la comunidad pesquera y durante muchos años había tratado de evitar la pesca alrededor de las islas de guano. Convenció a Augusto Leguia, que estaba cumpliendo su segundo mandato como presidente en ese momento, de implementar una Policía Pesquera para patrullar las aguas costeras y detener a cualquier pescador que pescara demasiado cerca de las islas.
Debido a la Gran Depresión mundial a principios de la década de 1930, los precios tanto del azúcar como del algodón colapsaron. Esto llevó a los agricultores peruanos a dejar de comprar fertilizantes y la industria del guano sufrió como resultado. Para contrarrestar esto, el GAC implementó una política en la que los agricultores podían usar crédito a largo plazo a baja tasa para comprar fertilizantes. Finalmente, se convirtió en el Banco Agrícola (Banco Agrícola), una institución que mejoró enormemente la situación financiera de muchas granjas peruanas pequeñas y medianas en la última parte de la década de 1930. Esto hizo posible que las granjas adoptaran prácticas agrícolas más intensivas.
A mediados de la década de 1930, el precio del algodón aumentó repentinamente rápidamente y, como resultado, los agricultores peruanos convirtieron rápidamente sus cultivos en algodón. La demanda de guano explotó, pero el GAC no tenía forma ni cumplía con los requisitos. Su respuesta fue tratar de obligar a los agricultores a usar el guano de manera más eficiente e implementar un racionamiento del guano. También aumentaron el precio del guano para los agricultores que cultivan para la exportación y otorgaron un trato preferencial a las granjas más pequeñas y a los que cultivaron alimentos.
El GAC utilizó las ganancias sustanciales creadas por el auge del guano para nombrar a un ortitólogo estadounidense, William Vogt, para estudiar hallazgos en los que aumentar la producción de guano. Vogt usó fotografías aéreas y timbres para realizar un censo sobre el número de aves reproductoras. Sus estudios también descubrieron que las aves preferían anidar en áreas expuestas al viento predominante. Esto llevó al GAC a utilizar explosivos para eliminar cualquier obstáculo que impidiera los vientos dominantes en las islas.
En 1939, los estudios de Vogt fueron interrumpidos por un evento de El Niño que duró casi dos años y devastó las colonias reproductoras, lo que provocó que la producción de guano se desplomara a su nivel más bajo desde El Niño de 1917. Vogt determinó que las aves estaban muriendo debido a la desnutrición causada por la falta de alimentos como resultado de la vida marina en la que las aves se alimentaban siendo forzadas a las aguas vecinas por las cálidas aguas traídas por el sistema El Niño.
En 1946, el nuevo gerente general del GAC, Carlos Llosa Belaunde, tuvo la idea de crear islas artificiales al tapar muros de la costa que ya utilizaban las aves productoras de guano. Belaunde esperaba que estas "islas" proporcionarían un refugio seguro para las aves que se reproducen durante las temporadas de El Niño y también evitarían que las aves viajen a las islas frente a la costa de Chile. Entre 1946 y 1961 se construyeron catorce "islas" a lo largo de la costa peruana y, como resultado, la producción de guano aumentó dramáticamente. En 1956, el GAC produjo más de 330,000 toneladas métricas de guano que contenían 6,200 toneladas de potasio, 31,600 toneladas de fosfato y 47,000 toneladas de nitrógeno y obtuvo una ganancia de más de $ 17 millones, la mayoría de los cuales fueron invertidos en la investigación.
Durante muchos años, las políticas del GAC funcionaron muy bien para mantener los niveles de guano, a mediados de la década de 1950 se estimaba que hasta 40 millones de aves adultas habitaban las aguas costeras de Perú, pero en los últimos años, debido a los disturbios financieros y políticos en Perú, así como a lo largo de -la pesca y la introducción de una industria de harina de pescado que utilizaba las anchoas de las que se alimentaban las aves marinas, la población de las islas costeras ha sido diezmada una vez más. En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, las anchoas fueron atrapadas en miles de millones y después del colapso de la industria de la sardina en California en la década de 1950, la cantidad capturada aumentó a billones. El GAC advirtió al gobierno peruano que a menos que se pusiera un límite a la pesca de anchoa, existía una amenaza real para la industria del guano.
                                                                 

Figura 16 - Gráfico que muestra la población de aves de guano y la cantidad de anchoas pescadas entre 1950 y 2000


Entre 1957 y 1958, un evento de El Niño junto con enfermedades causadas por parásitos destruyeron muchas de las aves de guano. Para tratar de controlar la propagación de la enfermedad, el GAC utilizó productos químicos para destruir los parásitos. Más tarde se descubriría que estos productos químicos causaron que las cáscaras de huevo se adelgazaran, lo que provocó el fracaso de la reproducción e incluso se envenenaron para las aves que el GAC realmente estaba tratando de proteger.
Ya en 1843, los científicos buscaban alternativas sintéticas al guano, que aunque era muy rico en nitratos y fosfatos, era un fertilizante universal que era difícil de adaptar a diferentes tipos de suelo o cultivos. El uso y el éxito del guano también llevaron a un mayor interés en los fertilizantes y a la introducción de productos similares que podrían hacer el trabajo de manera casi tan eficiente pero a un costo mucho menor. Cuando apareció el guano en Gran Bretaña, el profesor James Johnston había comentado que su introducción "demostraría ser un gran servicio nacional, si nos enseña a imitar una producción natural tan valiosa". Al mismo tiempo, Johnston también advirtió que el suministro de guano no era ilimitado, lo que también aceleró la introducción de fuentes alternativas de fertilizantes.
Debido a una explosión en la población de Perú en las décadas de 1950 y 1960, el guano solo no pudo proporcionar suficiente fertilizante a la cantidad de cultivos alimentarios necesarios para alimentar al país. Según los expertos del gobierno, la única forma de hacer frente era complementar el guano con fertilizante sintético. Se trajeron compañías extranjeras para construir plantas que utilizaban el proceso Haber-Bosch para crear fertilizantes. Como resultado, la Compañía de Administración de Guano pasó a llamarse Corporación Nacional de Fertilizantes (CONAFER).
Junto con la extensa sobrepesca, El Niño de 1965 significó que las aves hambrientas se veían obligadas a buscar comida en otros lugares y, a menudo, se las podía ver hurgando en los mercados y en los vertederos de basura en muchas de las ciudades costeras de Perú.

Cuando Fernando Belaunde Terry asumió la presidencia en 1965 después de una junta militar de un año, una de las primeras cosas que hizo, gracias a una gran demanda pública, fue fortalecer las leyes que protegerían la industria del guano. Nominó a un comité gubernamental para encontrar soluciones a largo plazo al problema y tratar de salvar lo que muchos peruanos todavía consideran "las aves más valiosas del mundo".
Aproximadamente al mismo tiempo, el biólogo estadounidense Milner B. Schaefer, el principal experto mundial en dinámica de poblaciones de peces, creó un modelo que predecía la futura población de anchoas teniendo en cuenta la depredación de las aves guano. En su opinión, el Perú estaría mucho mejor sin las aves de guano debido a los posibles ingresos de la industria pesquera en comparación con la industria del guano. Esto selló el destino del pájaro de guano y en 1966 el gobierno retiró las regulaciones que protegen a las aves de la industria pesquera. Desde entonces hasta la actualidad, la población de aves se ha mantenido en solo unos pocos millones, una caída drástica de los 35-40 millones en el apogeo de la industria del guano. Hoy miles de las aves son asesinadas ilegalmente y vendidas en los mercados como alimento para los miembros más pobres de la sociedad peruana.
Irónicamente, esto llega en un momento en que los fertilizantes orgánicos se están convirtiendo una vez más en un producto valioso. Existe un interés creciente en América del Norte y Europa en “libre de químicos” naturales jardinería y es muy posible que en el futuro estos mercados conducirán a la industria del guano peruano alcanzando niveles similares a los de la 19 ª siglo.
A pesar de que tuvo un papel importante en el segundo colapso de la industria del guano en Perú, deberíamos estar extremadamente agradecidos por la invención de los fertilizantes sintéticos, ya que han permitido que los cultivos del mundo sigan el ritmo de su población en continuo crecimiento de una manera que no hubiera sido posible si los agricultores tuvieran que depender solo del guano y hubieran evitado la ocurrencia de una catástrofe maltusiana que de otro modo podría haber tenido lugar.