El enganchador o Contratista: Ramón Azcárate (1809-1887)
Ramón Azcaratem controvertido marino con una biografia de aciertos en sus desempeños pero dado de baja en dos oportunidades, la penúltima en 1854, dado de baja, borrado del escalafón y deportado para luego enrolarse en el tema de las importación de vascos
Sirvio en la fragata Monteagudo y corbeta Libertad, luego estubo preso durante 20 dias para luego separarlo de la armada en 1836. Regreso a la armada sirviendo en el bergantin Congreso. En 1839, vuelven a darle de baja y deportado a Chile durante 4 años.
Curiosamente en 1941 asume como Vice rector del colegio Guadalupe, luego paso a servir en el Ministerio de guerra , de donde fue expulsado, dandole nuevamente de baja y borrado del escalafón nuevamente. Fallece en Lima en 1887.
Sus biografos nuncas mencionaron a Ramón Azcárate el enganchsador ni su faena como contrastistas de braceros en Easpaña, tampoco menciona nada de sus padres ni familia.
Ramón Azcárate es el “enganchador”. Una figura muy criticada por llevarse una comisión por cada colono que contrataba, pero peor después por actuar al margen de la ley y seguir en una contrata desautorizada por las autoridades del Perú por considerarla riesgosa.
Es poco comprensible que este señor habiendo sido un oficial de la armada peruana y ostentado cargos públicos haya incursionado en una gestión no autorizada por el gobierno y la concretó.
Un personaje muy mal visto por las autoridades del país. En muchos textos aparece como natural de Gipuzkoa, pero Azcárate era peruano de nacimiento. “Del pueblo de Lima y de la diócesis de Lima” despectivamente se referían así los documentos acerca de Lima, la capital de un Virreinato, tildándolo como pueblo, rezan los archivos del Fondo del Real Seminario de Bergara en donde estudió.
De niño se trasladó con su familia a España, y estudió en el Colegio de Nobles de Bergara.
Seguramente, su familia procedía de la propia Bergara.
Lo que anteriormente había sido el Real Seminario era desde 1823 el Real Seminario de Nobles y aunque, según dicen todos los textos, había perdido el brillo ilustrado antiguo, todavía mantenía su pedigree, al menos al otro lado del charco. En este centro estudió buena parte de la oficialidad de la Marina del Perú y también alguno de los hijos del dueño de Talambo.
En Bergara nos encontramos con estudiantes de Caracas, Lima, Trujillo..., además de otros lugares de España.
En las listas del año 1823, esto es cuando Azcárate contaba con 14 años, ya se halla matriculado en el Colegio de Bergara.
Allá va a permanecer hasta 1828. Es decir, permanece mínimamente en Bergara cinco años, desde los 14 hasta los 19 años.
En esos cinco años va a cursar estudios de Gramática Latina, Humanidades, Dibujo, Historia, Filosofía Moral, Geografía Física y Política,
Archivo Municipal de Bergara, Caja 004-04.
La Enciclopedia Ilustrada del Perú en su primer tomo asegura que cursó estudios en el “Instituto Náutico de Bergara”, pp. 225-226.
En concreto, los contralmirantes Ignacio Mariátegui y Eugenio Cortés, el capitán de navío Juan Noel, el capitán de fragata Antonio Valle Riestra o el primer piloto Pedro José Faura.
Gran parte de esta información está extraída del libro.
PASTOR, Alberto Enrique:
El capitán de navío Ramón Azcárate.
Ediciones CEHG. Lima. 1963.
En su primera Memoria, la del acto de clausura de 1842, hizo una apología de la “educación moral”, basándose en Rousseau. Se ve que su estancia en Bergara fue provechosa. Quizás, es una hipótesis, acá conoció al hacendado Salcedo a través de sus hijos, a los que a través de Azcárate aquel envió a cursar estudios a Bergara. Se supone que al Instituto de segunda enseñanza creado en la villa guipuzcoana en 1845.
Tras su importante experiencia pedagógica, Azcárate prosiguió su carrera militar y política. Con el grado de teniente 1.º, en 1848 fue ascendido a capitán de corbeta y asignado a la dotación de una nave. Entre 1845 y 1849 fue subprefecto de Jauja, formó parte del Ministerio de Guerra y también fue director del Instituto Militar en 1854. Ascendió a capitán de fragata en 1851 y de navío en 1854. Fue también elegido diputado suplente en 1853 por la provincia de Huarochirí.
En 1854 parece que apoyó al presidente, al general José Rufino Echenique, frente a la sublevación comandada por el general Castilla y su antiguo patrono de Guadalupe, el comerciante Domingo Elías. Tras el triunfo de estos últimos, fue destituido como director del Instituto Militar, y posteriormente amnistiado en 1856. A pesar de todo, fue “borrado del escalafón naval y prácticamente expulsado del cuerpo”. El 13 de octubre de 1858 se encontraba con una licencia indefinida.
Hasta ahora, la singladura del oficial de Marina y pedagogo Azcárate nos muestra la falta de estabilidad política de Perú, sus continuos levantamientos.
Domingo Elías, que fue ministro de Hacienda en el gobierno del general Castilla, se centró en el negocio de traer inmigrantes chinos, los coolies, para el trabajo de las haciendas costeras.
Loayza Perez Alex:
Azcárate tiene en el momento que entra en nuestra historia 50 años, ha conocido de todo, está casado con Teresa Ugarte y tendrá tres hijos, uno de ellos en la propia travesía de 1860.
Sus biografías ni siquiera mencionan su vuelta a España en 1859. En ese paréntesis civil, que va a durar hasta su reposición como capitán de navío en 1861, tiene lugar su relación comercial con el hacendado Manuel Salcedo, su vuelta a Guipúzcoa y su llamamiento.
Este está firmado en Bergara el 27 de octubre de 1859.
Azcárate hace en sus primeros párrafos una declaración de fe superlativamente guipuzcoana. La invitación la hace en su nombre y en el de “su socio D. Manuel Salcedo, dueño de la hacienda de Talambo, en el Perú”. Socio para el enganche de vascos para trabajar en el cultivo del algodón en Talambo.
“Hijo de la provincia de Guipúzcoa, educado en mis primeros años en el antiguo Real Seminario de esta villa y con muchos parientes y amigos en el país, a los que profeso un cariño acendrado, he venido a él después de largos años de ausencia (...) deseo de realizar en Ultramar con hijos exclusivamente de este suelo una empresa, que mi mente acaricia hace tiempo (...) quisiera y espero hacer la felicidad de algunos naturales del país. Para ello, y aunque ofrezca algunas dificultades, he preferido, sin vacilar, como Guipuzcoano, intentar vencerlas, desechando proposiciones de extranjeros y nacionales que me han sido hechas con condiciones muy aceptables bajo el punto de vista económico; no solo, repito, porque quiero labrar la dicha de algunos centenares de Guipuzcoanos, sino porque hace mi felicidad el vivir entre ellos, aunque lejos de nuestra patria común, que llevarán consigo como yo, las tradiciones queridas de nuestros hogares, sus venerandas prácticas religiosas y sus hábitos constantes ya apreciables de moralidad, honradez, frugalidad y amor al trabajo”
Tras su amarga experiencia con los caseros, en 1861, Azcárate volvió a la Marina como capitán de navío y cobró la antigüedad desde que fue apartado en 1854, “tras larga cadena de injusticias y maltratos”. Volvió a sus cursos en la Marina. En 1875 era miembro del jurado de exámenes para la Escuela Naval y Preparatoria. También ocupó cargos políticos. Fue prefecto de Arequipa (1872-1873) y desde 1873 administrador de la aduana principal del puerto del Callao.
Trabajó también en labores benéficas: miembro de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima e inspector del Hospital de San Bartolomé. En 1886, un año antes de morir, era todavía vocal de la Junta Reformadora de la Marina de Guerra. Su acta de defunción señala que murió de enfermedad hepática y que su funeral se celebró en la parroquia del Sagrario de la Catedral. Vivía en la calle Melchormalo 149 y su obituario apareció en El Comercio, el diario de referencia de Lima.
Mucho curriculum de Azcárate para terminar como enganchador de trabajadores.
FANO, Julián y SORAZU, Juan Ignacio:
La inmigración vascongada
El Mercurio.
Lima. 1863, pp. 8-12.
“CON EL FIN DE LABRAR SU FORTUNA”: CASEROS GUIPUZCOANOS EN PERÚ (1860-1863)
PEDRO BERRIOCHOA AZCÁRATE
Instituto Valentín de Foronda. Universidad del País Vasco
Ramón Azcárate jugaba en dos sentidos, haciéndose pasar como español, cuando reclutaba los trabajadores en Bergara o haciendo uso de su nacionalidad peruana para ser oficial naval peruano, y autoridad civil como mencionan las crónicas.
A pesar de que los enganchadores tenían muy mala fama, nadie le reprochó nada. Sorazu, uno de los dirigentes de los caseros, se declaraba “amigo” y Fano “no solo amigo, sino su antiguo condiscípulo”. Ambos consideraron a Azcárate “un decidido protector” de los colonos guipuzcoanos.
Por otro lado, es muy comprensible que después de semejante declaración (“hijo de la provincia de Guipúzcoa”, “guipuzcoano”) muchos textos lo consideren español y no peruano.
Azcárate precisa qué y cómo era Talambo. Un lugar con clima “sano y benigno”, con temperaturas entre 24 y 12 ºC, con cultivos como el algodón, la caña, el café, el arroz, la cochinilla, el trigo, el camote (similar a la castaña) y “todas las hortalizas y legumbres de esta provincia”.
Precisaba de unas 300 personas “de ambos sexos y de todas las edades, honradas y bien constituidas que formen familias”. No solo pretendía campesinos sino también “algunos canteros, carpinteros y herreros del país”.
Además, proponía llevar a un párroco (que se ocupara de las misas y de la enseñanza de la Doctrina), un médico-cirujano y un mayordomo “que enseñe a los niños a leer, escribir y cuentas”, que lleve las cuentas de los colonos si estos quieren, y que se ocupe de su correspondencia con amigos y familiares.
Él se encargaría de fletar el velero y cubriría los gastos de transporte y de alimentación hasta su arribada a Perú. Los campesinos llevarían sus camas y “herramientas que puedan” al barco.
Curiosas propuestas y gastos enfrentaban Azcárate si él no contaba con fortuna personal, puesto que su vida siempre fue la de un asalariado. Salcedo le había propuesto la venida de vascos, pero no con tantas gollerías como estaba ofreciendo Ramón Azcárate ni tampoco mujeres niños ni párroco, solo hombres trabajadores del campo.
Los años de compromiso con la empresa serían ocho. A cada familia se le facilitaría “toda la extensión que pueda desear de terrenos de regadío para cultivar el algodón, pastos para sus ganados, granos y hortaliza para su consumo y edificar sus caseríos respectivos, a uso todo del país” ofrecimientos totalmente falsos hacia unos braceros.
Esta propuesta debe de haber sido tomada en forma unilateral por Azcárate, puesto que Salcedo pretendía la venida de trabajadores, braceros producto de una “contrata” no de colonos a los que se le entregasen tierras para desarrollar en zonas agrestes o lejanas. Talambo era una hacienda con terrenos habilitados para la agricultura, con un río que las irrigaba por lo cual Salcedo decidió comprarlas con sus recursos traídos de Lambayeque. A nadie se le podría ocurrir que esas tierras Salcedo las iba a donar a extranjeros puesto que Salcedo era un empresario, no benefactor hecho a pulson su trabajo desde joven.
Talambo era una plantación de algodón y arroz, estando Salcedo interesado en algodón más que arroz que demandaba mucha agua y ese sería el cultivo fundamental. Los obreros comenzarían construyendo sus casas, bodegas, depósitos de algodón, cercas... y luego a sembrar y a cultivar las tierras. “Y mientras trabajan sus habitaciones, corre de mi cargo el alojarlos”. Les habría ofrecido Azcárate.
Se esperaba que no hubiera cosecha en el primer año. Las dos cosechas del segundo año serían para los socios por los gastos del viaje, pero Azcárate se comprometía con la alimentación y, además, ayudaría con un peso mensual para aquellos menores de 12 años y con dos para los mayores “para su vestir y demás necesidades particulares”.
La maquinaria para despepitar y empacar el algodón se importaría desde Inglaterra.
Así narra Pedro Berriochoa Azcárate en el Boletín Bascongado del que hacemos esta referencia sobre Ramón Azcárate.
Pasados los dos primeros años, y durante los seis siguientes la cosecha de algodón se dividiría “en dos partes iguales, de las cuales la una será para ella (la familia colona) y la otra para mí con el socio señor Salcedo”.
Las otras cosechas, las que no estaban relacionadas con el algodón, serían para la alimentación colectiva de los agricultores durante los dos primeros años y después exclusivamente de la familia a que pertenezcan los terrenos en que se coja”. Esta propuesta era también de poco fiar, así no habría beneficio para el hacendado, que negocio haría así. Todo contraproducente a la vista de quien conoce estos temas.
Los socios facilitarían en los dos primeros años el ganado y las herramientas que faltasen a los colonos, que les serían abonados en plazos sucesivos en los siguientes años. Cueando dice los socios se entiende por Salcedo y Azcárate, pero la realidad que solo Salcedo contaba con recursos.
Se estipulaba también que el 4 % de la cosecha iría a partir del 3.er año para atender por partes iguales al culto, al capellán, al médico y al mayordomo, mientras que en los dos primeros años serían los socios quienes sufragaran sus gastos.
Azcárate contaba su optimista cuento de la lechera: dos cosechas de algodón/año, 20.000 quintales, 10.000 quintales para las familias... a razón de 166,5 quintales para cada una de las 60 familias que se formarían.
En conclusión, ello permitiría “una posición cómoda, desahogada y hasta lisonjera” a las familias.
Transcurridos los ocho años, las familias podrían permanecer a su voluntad, a razón del régimen de los últimos seis años, esto es, dividiéndose en dos la cosecha de algodón.
El contrato esgrimido por Azcárate era halagüeño para los campesinos. Estos “no titubearon en ningún momento” y “vendieron las pobres propiedades”.
Realmente el contrato más parecía producto de una organización de Beneficencia pública que de una negociación de contrata de trabajadores.
No existe documento alguno que respalde lo que los cronistas españoles relatan acerca de los contratos entre Azcárate y los vascos en Bergara, y el otro contrato que se relata entre Salcedo y los vascos en Talambo. No se conoce ningún contrato, y tales contratos de haber existido el contenido es producto de la intención que quiera imprimir en la historia el cronista.
Asi los vascos se animaron a venir a Talambo por que sin trabajar se iban a hacer de tierras y fortuna, por que por lo leido los ofreciientos del supuesto contrato no menciona obligaciones de trabajos a ejecutsar en la haciendsa para lo que Salcedo habia invertido 60 mil pesos.

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